Cuadernos Contrahistoria Local vol. 3

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Ya disponible un nuevo número de los Cuadernos de Contrahistoria Local. Información y pedidos: cuadernoscontrahistoria@gmail.com; https://www.facebook.com/cuadernoscontrahistoria

Editorial:

Tendencia morbosa a desfigurar…

A comienzos del año 2015, continuando con la dinámica de comunicaciones públicas de las investigaciones que hemos venido incluyendo en nuestros Cuadernos, tuvo lugar la presentación del último trabajo de Curro Rodríguez relativo a la Historia de Aranjuez. Su presentación, el estudio concreto de la huelga de 1932 en el campo ribereño y su inclusión en una dinámica histórica general, comenzaba con una breve alusión al tratamiento historiográfico que de la etapa republicana se ha venido haciendo desde el oficialismo local. Para los efectos, se servía de una cita extraída de cierto trabajo de José Luis Lindo Martínez, a propósito del papel de la Guardia Civil durante el periodo republicano y el posterior levantamiento militar golpista, especialmente en el pueblo de Aranjuez:
La Guerra Civil dejó su impronta obviamente en los miembros del cuerpo y sus familias. Unos, porque simpatizaban con las tropas de la Segunda República, otros, porque entendieron que su lugar estaba en el puesto que debían representar como servidores de la ley y el orden de la Monarquía (1).
Lo cierto es que tratándose de una obra apologética de la Benemérita, el comentario tiene perfecto sentido dentro de las tesis defendidas en toda la obra, siempre y cuando, claro está, no tomemos muy en serio los hechos históricos. Evidentemente, salvo esta nimiedad de hacer honor a la verdad, que a Lindo no parece quitarle el sueño, la Guardia Civil tuvo que elegir entre un régimen legalmente constituido al menos desde junio de 1931, o un sistema monárquico que no existía en territorio español desde hacía cinco años. Ni rastro del golpe militar(2). La Guardia Civil, al parecer sin saberlo, defendía una entelequia histórica que había dejado de existir institucionalmente desde 1931. Sin embargo, es bien conocido el papel del cuerpo armado en el levantamiento del fascismo español y especialmente su relevancia en el proceso represivo iniciado en la postguerra. Pero el relato mitológico que Lindo dibuja, mira hacia un Olimpo mucho más heroico, y por tanto, ¿para qué detenerse en menudencias que puedan empañar nuestra historia más reciente?
Esperamos haber podido transmitir el tono irónico que podía desprenderse de esta anécdota introductoria el día de la susodicha comunicación. Pero aunque este es un caso extremo, podríamos decir, de tergiversación histórica, los trabajos oficialistas en torno a la historia del Real Cortijo de San Isidro, y en concreto los hechos relativos a su etapa bajo el control del Instituto Nacional de Colonización, no dejan de caminar por esta senda cuando menos cuestionable de labor historiográfica. Si echamos un vistazo, no tan pormenorizado como podría exigirse, a los trabajos publicados hasta la fecha sobre la cuestión, son manifiestamente identificables al menos tres niveles de acercamiento a la historia del proyecto colonizador del INC en el real Cortijo de San Isidro.
En primer lugar, disponemos de los trabajos de Ángel Paniagua Mazorra sobre las colonias agrícolas de la Comunidad de Madrid(3). Un estudio que sin estar específicamente centrado en el Cortijo, se distingue del resto de bibliografía por dos cuestiones. En primer lugar trabaja con los materiales aportados por las fuentes primarias de archivo y sus pesquisas sobre el terreno con un trabajo de campo de geografía agraria sumamente interesante. Y por otro lado, habiendo estudiado la documentación original del INC, los proyectos de parcelación y desarrollo del poblado, enfoca su investigación desde una perspectiva interpretativa y no solo se apoltrona en la mera descripción de lo que la documentación ya detalla. Sus análisis de la estructura social del Cortijo antes y después de la colonización, la aclaración con luz y taquígrafos sobre el papel del dueño y los vericuetos de la compra-venta, y que no pierde de vista en ningún momento el contexto histórico en el que tiene lugar la colonización, hacen del trabajo de Paniagua un texto esencial (y prácticamente único hasta la fecha) para el estudio de esta cuestión.
En segundo lugar, hemos de mencionar uno de los trabajos pioneros en abordar la historia del Real Cortijo de San Isidro, y por tanto, tal y como se recoge en el mismo, del Instituto y su proyecto. Hablamos del libro de Josefina Freire Ferrero, Historia del Real Cortijo de San Isidro. En esta obra, sin dejar de acudir a las fuentes de archivo, no pensamos que Freire elabore una historia al uso. Entendemos que los materiales recogidos en la publicación, al menos para el periodo relativo al INC, estarían más cercanos a una descripción costumbrista, a un anecdotario engordado con valiosos testimonios de la tradición oral, pero que nada aporta sobre el contexto social, político y económico que ven nacer el proyecto de colonización de la postguerra. Tan sólo hay que echar un vistazo a la bibliografía que aporta, para darnos cuenta que la intención de la actual Cronista Oficial no es profundizar y presentar un estudio histórico de calado. Solo una referencia bibliográfica es utilizada para apoyar historiográficamente el periodo de la dictadura: Francisco Franco, un siglo de España por Ricardo de la Cierva(4). A pesar de resultar, como ya hemos dicho, uno de los primeros intentos de abordar la colonización por parte del franquismo de este enclave ribereño y proveernos de una valiosa batería de descripciones, nada se nos dice de la dictadura, sus intereses, sus fórmulas ideológicas o técnicas represivas, y tanto es así que la palabra fascismo, dictadura o gobierno golpista no es mencionada ni una sola vez, tan solo de reforma (no contrarreforma) agraria franquista se nos habla. En este sentido, son realmente clarificadoras las declaraciones realizadas por la autora en un programa televisivo:
En el siglo XX ya con toda aquella reforma agraria que hizo aquel gobierno que gobernaba, compró la finca y la parceló. Y se lo daba a esa gente que a lo mejor no tenía nada, de los pantanos, gente que también quería invertir, y así se formó lo que es ahora El Cortijo…(5)
La inexistente profundización en la causalidad del fenómeno y el abandono de cualquier tentativa explicativa del mismo (ni siquiera en el sentido de una descripción densa localista{6}), es evidente que el libro de Freire no ayuda para proporcionarnos un mayor conocimiento histórico de la colonización del Real Cortijo de San Isidro, en tanto en cuanto no entiende, a nuestro modo de ver, este nivel superficial de la descripción como algo transitorio, sino con valor definitivo y acabado, y por tanto incompleto.
Y por último, debemos incluir aquellas publicaciones enmarcadas en lo que podríamos llamar las posiciones nativas con respecto de la historia de la colonización del Cortijo, esto es, los relatos emanados de la experiencia de los colonos o sus descendientes con una carga fundamental de las descripciones en primera persona, llevando al extremo de asumir la identidad de esta perspectiva, si se quiere cosmovisión, y la realidad histórica objetiva. Sin duda, el escrito que ejemplifica esto es la obra de Fernando Muñoz Donoso, Real Cortijo de San Isidro, en la que a pesar de citar un marco legislativo escueto y hacer referencia al proyecto de colonización oficial, el conjunto del trabajo es, en resumidas cuentas, una apologética de la obra colonizadora franquista. En sus propias palabras:
Quiero hacer constar esta obra social que logró aquel Organismo dependiente del Ministerio de Agricultura entre 1945 y 1965. Después no he conocido otra obra social igual ni mejor, ni espero conocerla nunca(7).
Este fragmento es sintomático de muchas cosas y profundamente valioso para comprender los modos de asimilación, sumisión y aceptación de la dominación durante la dictadura por parte de los colonos. La importancia de los relatos del colono, aun teniendo valor por sí mismo para autores como Donoso, para la investigación histórica es una fuente de primer orden en el momento de indagar sobre cierta fenomenología de la vida durante la colonización. Y es precisamente en este punto en el que el trabajo de Curro Rodríguez se detiene con cierta insistencia. ¿Por qué termina por triunfar la contrarreforma agraria franquista? ¿Qué ocurre durante las década de los 40 para que cualquier tipo de resistencia desaparezca? Y por otro lado ¿Qué modelo de trabajador agrario se ha configurado para que, llegados a la etapa del desarrollismo y la hegemonía del capitalismo agrario, cualquier vestigio de agricultura tradicional, de solidaridad entre productores y vecinos haya desaparecido de esta parte de la Comarca de las Vegas?
La perspectiva mitómana(8) es la que termina por tanto triunfando en la mayoría de los trabajos del oficialismo local, sirviéndose de ese mito meritocrático del Robinson para colonizar cualquier labor explicativa, sin otra intención que edulcorar o directamente vanagloriar y ensalzar este periodo concreto de la historia cortijera. Publicando este nuevo trabajo de Curro Rodríguez, pretendemos atacar esta ideología de la idealización franquista o su banalización, desmontar la construcción de un sujeto sometido históricamente por unas condiciones objetivas (y no inmanentes), y optar por una manera de investigar la Historia alejada del relato mitómano. Por lo demás, a nosotros, a los descreídos, lo que nos toca es pedir pruebas; en concreto, el tipo de pruebas a las que los historiadores estamos acostumbrados(9). Trabajos como los de Freire o Donoso, que sin lugar a dudas tienen un valor para el historiador inestimable, y a falta de un trabajo de campo etnográfico, con entrevistas y encuestas, suplen en cierta medida esa visión del colono que tanto necesitamos para comprender todo el conjunto. Pero lejos de quedarnos en los diferentes modos de mitologizar(10) la cuestión (a lo que contribuyen con sus escritos), el presente volumen intenta ahondar en las causas y factores históricos que han conformado tanto al poblado como a sus gentes, y así dotar de una mayor perspectiva sociológica a la actual configuración del agro ribereño y sus patrones de vida social.

NOTAS:

1 Lindo, 2011- p. 39.

2 No es gratuito que el general golpista Francisco Franco, según Decreto de 26 de septiembre de 1936, adquiriendo el título de Generalísimo, y posteriormente con el decreto de unificación del 19 de abril de 1937, asimilando el título de Caudillo, jamás adoptase algo parecido al sobrenombre de monarca o soberano.

3 Paniagua Mazorra, 2005.

4 Declarado defensor del régimen franquista, se reconocía asimismo como joseantoniano, y cuya famosa Bibliografía general sobre la guerra de España contenía tantos errores y tergiversaciones que fue denunciada públicamente por el historiador hispanista Herbert Rutledge Southworth.

5 Josefina Freire, en Ruta 179, emitido por Telemadrid el 13 de junio de 2014.

6 Serna y Pons, 1999.

7 Muñoz Donoso, 2015- p. 79.

8 Mitomanía: Tendencia morbosa a desfigurar, engrandeciéndola, la realidad de lo que se dice; Tendencia a mitificar o a admirar exageradamente personas o cosas. (DRAE).

9 Pérez Ledesma, 2008- p.235.

10 Somos conscientes que la mitología y el relato mitológico serían en todo caso un intento de explicación del mundo. La mitomanía, por el contrario, de mistificación y no queremos desaprovechar la oportunidad de profundizar en este mecanismo de la falsificación con un último ejemplo mitómano que describe a la perfección esta cuestión: ¿Cual es el objetivo de esa actuación? No es ganar dinero. Es un objetivo más complejo y más social, más pensando en una generación de agricultores que encontraron un modo de funcionar muy enriquecido por una gran cultura agronómica, por una serie de ingenieros que intervienen para establecer cual es la forma de funcionar… Intervención del arquitecto Javier Martínez-Atienza en la Mesa redonda: Los valores de Sotomayor, el 30/9/2014 en el Salón de Actos de CCOO Aranjuez. http://www.youtube.com/watch?v=Cz78mjYZbKY#t=389. Minuto 9.

 

 

Descarga los Cuadernos de Contrahistoria Local

Estando en preparación el tercer volumen de nuestros Cuadernos de Contrahistoria Local, comenzamos a colgar para su libre descarga y difusión los dos primeros números. A día de hoy, el número 1 está agotado y del segundo quedan unas pocas copias impresas, si estás interesado/a en recibir una copia, no dudes en escribir al correo de la biblioteca: bslatormenta@yahoo.es.

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volumen 1

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volumen 2

CUADERNOS de CONTRAHISTORIA LOCAL vol. 2

Con la publicación de este segundo volumen de los Cuadernos de Contrahistoria local prevista para comienzos del mes de mayo, reproducimos la cubierta y la editorial de este número. Para información y pedidos podéis escribir al correo de la biblioteca: bslatormenta@yahoo.es

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Editorial:

Aunque Aranjuez, tal y como recogíamos en el anterior volumen, nunca ha disfrutado en su dilatada historia de algo parecido a una organización social y política autónoma, de alguna suerte de autogobierno en definitiva, lo cierto es que el conflicto de clase y la batalla por los medios de vida de una parte de su población, ha sido un elemento recurrente en el devenir de sus últimos 150 años. Ciertamente, no es casualidad que este periodo haya sido de largo el más convulso de su historia, coincidiendo con las batallas del liberalismo, con la extensión del capitalismo en todos los ámbitos de la vida, y por supuesto, la liquidación de cualquier rastro de organización tradicional o precapitalista en su seno. Sin lugar a dudas, el Aranjuez del siglo XIX no es ajeno a los grandes y profundos cambios que se están operando en todas y cada una de las esferas de la sociedad española, especialmente en el sector de población mayoritario que poblaba su territorio, el campo. Tal y como recoge el censo de población para la década de 1930, Aranjuez es el quinto municipio, por detrás de Madrid capital, Carabanchel, Chamartín y Vallecas, en número de habitantes, unos 15.245, y aunque para esos años ya era un municipio con una incipiente industrialización, obviamente la mayor parte de sus habitantes se ganaban la vida en el campo. Por este motivo, el movimiento general de transformación productiva y social del campo que el capitalismo agrario había comenzado en el siglo XIX, en aquellos primeros años del siglo XX tenía visos de verse realizado o al menos en trance de culminarse, no sólo en el ámbito nacional, sino también en la localidad de Aranjuez. Las desamortizaciones habían enajenado una parte del patrimonio real para revertir en el saco de propiedades del latifundismo local; los cultivos más conocidos de la vega de Aranjuez como la fresa, el fresón y el espárrago, lejos de destinarse al mercado de la subsistencia local, habían adquirido un importante prestigio en la distribución madrileña; y por supuesto, las relaciones del capital con la fuerza de trabajo que mantenía todo el proceso productivo comenzaban a devenir irresolubles.
Crecimiento, Desarrollo, Progreso, Modernización, son algunas de las efusivas proclamas estratégicas que el capital estaba poniendo en boca de todos. Salir del atraso del Antiguo Régimen tenía un precio, y en muchas de las ocasiones en las que el conflicto devenía en huelgas campesinas, las imponentes embestidas de la economía moderna se llevaban por delante no sólo la esperanza de mantener un estilo de vida tradicional, sino simple y llanamente los últimos estertores de muchas poblaciones obreras. Tendría que llegar la contrarrevolución del fascismo español para dar la estocada final a este proceso inaugurado más de un siglo antes, pero para no adelantar una tragedia de la historia, a principios del siglo XX, la resistencia tenaz y descarnada de los obreros tanto del campo como de la ciudad contra la explotación lisa y llana, tenía todavía unas cuantas batallas por las que luchar. Buenas muestras de esto se rescatan en este volumen de Cuadernos de Contrahistoria Local.
Con la llegada de las ideas socialistas y anárquicas a la península, el número de organizaciones obreras con distintas perspectivas había ido en aumento hasta los albores del siglo XX. Asociado a unas incipientes y primitivas formas de protesta social, eso que la historiografía ha denominado los motines del pan, ya en un temprano febrero de 1897 el pueblo de Aranjuez comienza a agitarse por la subida desproporcionada y especulativa del precio de tan necesario y cotidiano producto. Habremos de esperar al año 1902 para presenciar los movimientos que, sobre el tablero del conflicto de clase, el Estado comenzaba a plantear para apaciguar las recurrentes tensiones sociales que la imposición del capitalismo estaba produciendo. De este modo, surgen las Comisiones de Reforma Social, una punta de lanza del reformismo burgués que intentaba desde la ideología regeneracionista y el denominado socialismo de cátedra, extender la dependencia y el control sobre las clases peligrosas frente a unas cada vez mayores acometidas organizativas populares. La creación en 1909 del Centro Obrero en la localidad ribereña es una buena prueba de ello, al igual que el nacimiento de las primeras asociaciones de obreros del campo, sindicatos católicos incluidos, o de la patronal. Una estructura organizacional polarizada que inaugura un período de conflictos en suelo ribereño hasta el desenlace armado de la Guerra Civil.
La huelga del campo de 1916, cuyo estudio realizado por José Antonio Martín será publicado próximamente en estos Cuadernos, forma parte de uno de estos primeros ecos del movimiento obrero. Centrada esencialmente en un proceso de negociación colectiva entre organizaciones formales, esta huelga es de vital importancia para entender la estructura del conflicto de clase en la mayoría de los hechos históricos similares hasta el año 1939. Partiendo de unas condiciones prácticamente infrahumanas en los tajos (léase la recurrente petición de abastecer de agua potable a los obreros por parte del patrón), las reivindicaciones presentadas bajo la forma de bases de trabajo por parte de los jornaleros, son ninguneadas por la patronal del ramo, a lo que la organización obrera de turno responde con un paro en sus actividades de asalariados, comenzando el desarrollo de las jornadas de huelga y determinando su desenlace y posteriores consecuencias. En este caso, y en tan tempranos años del siglo XX, vemos cómo el capitalismo agrario tiene visos de haberse consolidado como fuerza hegemónica en la comarca de Las Vegas, especialmente en el municipio de Aranjuez.
Sin embargo, esta condición hegemónica con la que el Capital ha colonizado la vida del campo ribereño, se ha visto soliviantada continuamente por la perseverancia de las protestas de los obreros, no sólo del campo, de Aranjuez y sus poblaciones vecinas. Al menos así lo atestigua el trabajo de Curro Rodríguez y su investigación sobre la huelga del campo ribereño del verano de 1932. Dos son las intenciones de este trabajo. Tratándose de una huelga en la que el meollo de la cuestión se centra en la negativa de los obreros al empleo de maquinaria para la siega por parte del empresario de turno, este trabajo intenta indagar en las causas históricas de una negativa que, tal y como se demuestra en el escrito, era bastante generalizada por aquellos años. La oposición, consciente o no, al consumo de baratijas que provenían de la incipiente industria nacional, la negativa al recurso del crédito y el endeudamiento, así como el obstinado enfrentamiento a la imposición de la maquinaria en el mundo del trabajo, son algunos de los elementos que la moderna historiografía ha considerado como factores de atraso en la vida económica del país. De hecho, da la impresión consultando el amplio espectro de trabajos históricos sobre la cuestión, desde el liberalismo más simplón hasta los autores izquierdistas o abiertamente declarados como marxistas, que el proceso de modernización económica, esto es, la consolidación del marco de las relaciones de producción capitalistas en el estado español, es un proceso necesario y natural, condición sine qua non, para salir del atraso del Antiguo Régimen y de la barbarie. Un proceso lineal, determinista y por supuesto necesario, en aras de una cada vez más aceptada ideología del Progreso, que en su difusión tanto se han empleado a fondo una buena parte de la historiografía oficial. Ahora bien, la realidad histórica parece ir por otros derroteros. A menudo, el aumento de la productividad, la acumulación de capitales, la mercantilización de todas las facetas de la vida o el individualismo burgués, se encontraban con la resistencia de una buena parte de la población, todavía con cierto margen para decidir sobre sus asuntos, aunque fuera cada vez más exiguo.
Por otro lado, la huelga de 1932, que en muchos aspectos recuerda al desarrollo de la mencionada del 16, nos muestra la cuestión de la solidaridad activa y el compromiso de clase, en el centro de todo el conflicto. Salvando el papel de la delegación en las negociaciones, del arribismo político y la falta de autonomía siempre mediatizada por el arbitrio ministerial o institucional, la huelga del 32 muestra que los lazos de solidaridad del pueblo de Aranjuez no se han visto quebrados de forma definitiva por las embestidas salvajes del capitalismo agrario, y que lejos de haber impuesto su modelo de dominación totalitario, quedan resquicios para que las clases populares puedan reconocerse en un marco de relaciones entre iguales. Sin lugar a dudas, el contexto histórico abiertamente favorable para la resolución positiva de este tipo de conflictos dentro de un marco legal, jugó un papel importante. En 1932, con la reforma agraria republicana a punto de aprobarse, lejos todavía de las acometidas contrarreformistas del Bienio Negro y la contrarrevolución del fascismo español desde 1936, las huelgas de este tipo en muchas ocasiones se resolvían de forma favorable para los obreros en lucha. El horizonte de emancipación social no era ni de lejos una premisa de esta huelga, pero sus modos de desarrollo y resolución, incluidos los aspectos incontrolados de la protesta, todavía sugieren una concepción de la vida compartida, una mentalidad resistente que tristemente no tardaría en ser totalmente barrida de la historia unos pocos años después. Rescatar un episodio de este tipo, valga pues como ejemplo de lo que un día fue el pueblo de Aranjuez y del que habríamos de aprender.
Por último, para finalizar este segundo volumen de nuestros Cuadernos, hemos incluido la transcripción debidamente introducida con unas notas preliminares, de las Bases de Trabajo agrícola de Chinchón para el año 1932. En realidad, se trata de todo el legajo rescatado del archivo municipal de Chinchón, donde ha quedado registrado todo el proceso de negociación institucional de las mencionadas bases entre las organizaciones obreras, la patronal y el Estado en sus diversas manifestaciones administrativas (Alcaldía, Delegación de Trabajo, Gobernación Civil, etc.). Incluyendo este material, por un lado hemos pretendido ilustrar con fuentes de primera mano una parte del trabajo expuesto por Curro Rodríguez, en tanto en cuanto la falta de documentación relativa al caso de Aranjuez, bien puede complementarse con la encontrada en la localidad vecina y cabeza del partido judicial de la comarca. En segundo lugar, el volumen tal y como lo publicamos, tiene un valor histórico no sólo como fuente auxiliar o indirecta, sino que puede dar pie, por sí mismo, a una investigación particular sobre la historia agraria y rural del municipio de Chinchón, esperando que suponga y pueda ser utilizado como un material valioso para futuras investigaciones. Cuestiones como la estructura social de clase de Chinchón, el problema de la propiedad, de los usos y costumbres locales de empleo de mano de obra, de la aparición del movimiento obrero y sus respectivas organizaciones, así como de las nuevas relaciones que el capitalismo agrario estaba poco a poco imponiendo, son una buena muestra de los horizontes de investigación que se adivinan tras esta documentación. Invitamos por tanto a profundizar en estas cuestiones, sin lugar a dudas de sumo interés para la historia de la comarca de Las Vegas.
Por nuestra parte, siguiendo la orientación general de esta editorial, sólo queremos resaltar un aspecto claramente visible en la descripción de todo el proceso de negociación aquí recogido. Llama poderosamente la atención las contínuas alusiones a los campesinos no asociados, ya fueran propietarios o jornaleros. Más allá de los intereses de clase en disputa, lo cierto es que no sólo las organizaciones obreras tenían problemas a la hora de lidiar con semejante testarudez y falta de entusiasmo para con el asociacionismo obrero, sino también los propios historiadores, que habitualmente han achacado este aspecto al carácter históricamente conservador del trabajador del campo. Sin embargo, siguiendo a Marc Badal, la ciencia social marxista ha necesitado un largo proceso de autocrítica para empezar a darse cuenta que el campesinado no compartía esa concepción lineal y teleológica del tiempo histórico. Los campesinos nunca lucharon por crear un mundo nuevo. Tan solo pretendían aliviar el sufrimiento cotidiano. Si alejaban su mirada del presente no la dirigían hasta un futuro desconocido sino hacia un pasado mejor (1). De este modo, habremos de asumir que nuestra mirada en tanto que observadores e intérpretes de la historia, habrá de limpiarse las legañas ideológicas que han focalizado al campesinado como un ente clasificable segun esta o aquella visión histórica o política, y no en sus circunstancias reales de desarrollo vital, con sus formas de resistencia cotidiana y sus recelos históricos, sus manifestaciones antropológicas y sus relatos transmitidos por generaciones hasta sus desaparición o aniquilación. Por mucho que deje una puerta abierta a la incertidumbre, la ciencia social se basa en la convicción de que el comportamiento social obedece a una racionalidad descifrable. Por este motivo, la realidad se obstina en escabullirse entre sus dedos(2).

Notas:

1 Badal, Marc. Vidas a la intemperie. Notas preliminares sobre el campesinado. Campo Adentro. 2014. En este sentido, recordemos el amplio recurso al ilegalismo (furtivismo, hurtos, contrabando ,extraperlo, etc.) como forma no sólo de supervivencia, sino también de resistencia colectiva, en la historia moderna y contemporánea ribereña. Nos remitimos a un anterior trabajo de Curro Rodríguez editado en el primer volúmen de estos Cuadernos, Aranjuez o los Infortunios de la Servidumbre.
2 Ibidem.

KYKLOS ALPHA

Desde La Tormenta queremos anunciaros la publicación de un nuevo volúmen sobre la historia dle movimiento libertario español durante la dictadura franquista: KYKLOS ALPHA, Historia del movimiento libertario español durante la dictadura, por Kostas Floros. Se trata de un buen compendio hasta hoy sin muchas publicaciones similares, editado originalmente en Grecia y traducido al castellano, que repasa las luchas de resistencia al fascismo, los debates recurrentes en el seno del mivimiento tras el final de la guerra, sus victorias y derrotas, así como un corpus documental elaborado y realmente extenso. La edición incluye un DVD documental elaborado por el entorno del autor, con entrevistras a militantes históricos,visitas a los lugares emblemáticos de la resistencia y otros materiales de gran interés. En palabras del autor:

El lector de este libro tendrá muchas veces la tentación de identificarse con militantes o tendencias y de desestimar precipitadamente comportamientos y decisiones. Sin embargo, me gustaría pedir a quien se moleste en leer esta historia que lo haga tratando de poner en tela de juicio y desafiar lo que para él mismo sean opiniones arraigadas y no centrarse en esos fragmentos del libro que justifiquen su forma de pensar. Sólo así puede este libro ser realmente útil y proporcionar al análisis político de cada uno, planteando cuestiones y haciendo tambalear estereotipos teóricos cómodos (cómodos no porque no sean producto de la reflexión, sino porque los procesos masivos son una realidad completamente diferente de un microcosmos político). Si no, este libro no sería más que una historia obsoleta de acción, abnegación y politiquería, sólo práctico para que su tamaño ocupe un poco más de espacio en las estanterías de la biblioteca.

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476 pgs.
15,5 x 23 cm
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CUADERNOS CONTRAHISTORIA LOCAL

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15,5×23 cm, 84 pgs. en papel ahuesado de 80 grs.
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P.distribución 3 euros
 

Editorial.

Echar un vistazo a la abundante bibliografía existente sobre Aranjuez, su historia y su entorno, es una tarea que puede causar cierta sensación de monotonía. Ante una más que visible abundancia de contenidos y temáticas tratadas en el espectro de trabajos sobre el municipio de Aranjuez, encontramos una evidente pobreza, ciertamente sintomática, de perspectivas metodológicas y de orientación investigadora. En el ámbito de la historiografía y su catálogo de trabajos sobre el entorno ribereño, lejos de despertarnos de este letargo, el oficialismo más lineal copa todos los caminos de tan deseada apertura.

La Historia no es una disciplina objetiva y aséptica. Por mucho esfuerzo que las diversas escuelas historiográficas, desde el positivismo hasta el marxismo “ortodoxo”, hayan demostrado por hacer de la Historia la Ciencia del Hombre con mayúsculas, situándola al mismo nivel que la física o las matemáticas, lo único a lo que han llegado es a utilizar la disciplina de forma profundamente ideológica. La ideología, tal y como ya la definió la sociología del conocimiento, en tanto que falsa conciencia, contruye la realidad y el fenómeno a explicar a priori. Desde unas premisas bien definidas, aborda la realidad y la manera de conocerla simplemente para confirmar o enrejar a ésta dentro de aquellas. Por eso la Historia ha sido una de las armas preferidas de la clase dominante para ejercer su control en el conflicto de clase.Un buen ejemplo de esto fue la manipulación ideológica que el nacionalismo burgués desplegó en todo el Siglo XIX. Pero del mismo modo, las tergiversaciones del leninismo y la III Internacional con respecto a los trabajos de Marx, supusieron no sólo la vulgarización hasta el ridículo de muchos trabajos históricos que se pretendían serios, sino que poco o nada ayudó para avanzar en las tareas de la emancipación social, la abolición de la sociedad de clases y por tanto del Estado y el Capital. Ideología y oficialismo generalmente siempre han ido de la mano. Esconder las miserias de la dominación, viniese de donde viniese, era la consigna que ya partía de la mayoría de escuelas y facultades que conformaban la conciencia de l@s historiador@s.

Queremos desaprender una historia para aprender la otra, la de la rebelión contra las distintas formas de poder, contra cualquier forma de explotación y de dominio, la de la libertad que desborda los cauces asignados por el amo. Y sin confundirla con la ideología, ni con la repetición crédula de cuatro verdades estereotipadas, ni con la nostalgia de un pasado mítico, ni con el mito del progreso(1). Por tanto, una contrahistoria capaz de señalar no sólo las imposturas de la historia oficial, sino apuntar directamente a las raíces del sometimiento y la servidumbre, sus causas históricas y los modos que el devenir histórico han proporcionado para su superación. Aportar aunque sólo sea una mísero grano en la tarea de sepultar al Viejo Mundo, es el horizonte que mueve a esta publicación y los escritos que recoge. Somos conscientes de la apremiante necesidad de encarar los problemas generados por la desmemoria generalizada, de intervenir en un decurso de los hechos que a día de hoy sólo huelen a desastre, y por supuesto, rescatar del olvido aquellos momentos en los que la rebeldía se ha materializado en Historia, sin adjetivos, momentos en los que la vida de las personas ha merecido llamarse así por la intensidad de sus arrebatos, haciéndose primera persona libre y dueña de sus asuntos, y no mero instrumento del poder. Combatir la desposesión a fin de cuentas.

Aranjuez, durante varios cientos de años, ha sido prácticamente una isla en el tiempo, una paradoja utópica de la Historia, en la que el proyecto de la dominación trabajaba al unísono con el ser de este pueblo. Parar el cambio era la consigna, y por tanto, construir un modelo ideal de territorio hecho a medida de la monarquía, y de las elites al fin y al cabo. Y así ad infinitum, por siempre jamás, sometido todo un pueblo y sus gentes a la voluntad del poder y sus deseos. Por lo que en este contexto, hemos de reconocer lo abiertamente dificultoso de encontrar en la literatura disponible, no ya algún trabajo medianamente crítico con esta situación crónica, sino que de pasada enuncie o señale a los culpables de la parálisis histórica de Aranjuez y su comarca. La escasa conflictividad social ribereña, la casi inexistencia de episodios remarcables de la guerra social, ha ido siempre acompañada del silencio de sepulcro de sus historiadores y cronistas. Indagar en las causas de tanta desgracia histórica, es definitivamente uno de los objetivos que Curro Rodríguez intenta recoger en su escrito, asumiendo que la servidumbre no es causa de nada, sino consecuencia de un devenir desdichado, rascando la superficie del oficialismo y sus trabajos, para intentar sacar a la luz ese motor tan poderoso de cambio en la historia como lo es la lucha de clases. No se apela a ninguna interpretación psicologista, ni a un supuesto miedo de la libertad colectivo, porque la materia de la que está hecho el ser del pueblo de Aranjuez, y por tanto su subetividad, es exactamente la misma que la de sus vecinos, tanto más si cabe teniendo en cuenta que la mayoría de sus pobladores son inmigrantes venidos de otras regiones, pero rápidamente absorbidos por el escenario que hemos descrito.El infortunio de Aranjuez no ha sido la búsqueda de la virtud como la Justina de Sade, sí por el contrario el no poder deshacerse de siglos de servidumbre, aun cuando en ocasiones un importante empeño se ha puesto en ello. Es por esto que en los Infortunios de la Servidumbre se ha querido añadir un peculiar anejo al texto principal. Se trata de un barrido periodístico sobre prensa de la etapa republicana, esencialmente de los años 1932 y 1934, en lo que re recogen algunos de los acontecimientos del conflicto de clase desarrollados en los límites del municipio de Aranjuez y algunas poblaciones vecinas. Huelgas, sabotajes, acciones directas contra mítines fascistas, y un más que significativo elenco de hechos muy poco analizados hasta la fecha presente.

Descubrir al pueblo de Aranjuez intentado hacerse dueño de sus vidas, poniendo en marcha el proyecto de la emancipación social y por tanto de la Historia, es un trabajo pendiente que pocos han asumido como propio. Y no porque no existan hechos históricos acreditados como tales, al párrafo anterior nos remitimos, sino porque simple y llanamente se han arrojado al vertedero infame del olvido. Esperamos contribuir con estos cuadernos a rescatar esos episodios de la historia ribereña que, conscientemente o no, han sido sepultados por el peso de la ideología dominante y sus historiadores a sueldo.

Notas:
1 “Acerca de la Historia. En esta época de guerra…”, Revista Etcétera # 40, Barcelona. Mayo, 2006.

Nuevo horario de La Tormemta.

Desde este mismo mes de octubre, el horario de apertura de la biblioteca cambia a los martes de 17.00 a 20.00. Además de aprovechar para echar un vistazo a nuestros fondos, también podéis adquirir el material que la delegación ribereña de la Fundación Anselmo Lorenzo tiene a la venta en el local, así como el conjunto de libretos que La Tormenta tiene editados. Gracias, nos vemos por la biblio!