CUADERNOS de CONTRAHISTORIA LOCAL vol. 2

Con la publicación de este segundo volumen de los Cuadernos de Contrahistoria local prevista para comienzos del mes de mayo, reproducimos la cubierta y la editorial de este número. Para información y pedidos podéis escribir al correo de la biblioteca: bslatormenta@yahoo.es

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Editorial:

Aunque Aranjuez, tal y como recogíamos en el anterior volumen, nunca ha disfrutado en su dilatada historia de algo parecido a una organización social y política autónoma, de alguna suerte de autogobierno en definitiva, lo cierto es que el conflicto de clase y la batalla por los medios de vida de una parte de su población, ha sido un elemento recurrente en el devenir de sus últimos 150 años. Ciertamente, no es casualidad que este periodo haya sido de largo el más convulso de su historia, coincidiendo con las batallas del liberalismo, con la extensión del capitalismo en todos los ámbitos de la vida, y por supuesto, la liquidación de cualquier rastro de organización tradicional o precapitalista en su seno. Sin lugar a dudas, el Aranjuez del siglo XIX no es ajeno a los grandes y profundos cambios que se están operando en todas y cada una de las esferas de la sociedad española, especialmente en el sector de población mayoritario que poblaba su territorio, el campo. Tal y como recoge el censo de población para la década de 1930, Aranjuez es el quinto municipio, por detrás de Madrid capital, Carabanchel, Chamartín y Vallecas, en número de habitantes, unos 15.245, y aunque para esos años ya era un municipio con una incipiente industrialización, obviamente la mayor parte de sus habitantes se ganaban la vida en el campo. Por este motivo, el movimiento general de transformación productiva y social del campo que el capitalismo agrario había comenzado en el siglo XIX, en aquellos primeros años del siglo XX tenía visos de verse realizado o al menos en trance de culminarse, no sólo en el ámbito nacional, sino también en la localidad de Aranjuez. Las desamortizaciones habían enajenado una parte del patrimonio real para revertir en el saco de propiedades del latifundismo local; los cultivos más conocidos de la vega de Aranjuez como la fresa, el fresón y el espárrago, lejos de destinarse al mercado de la subsistencia local, habían adquirido un importante prestigio en la distribución madrileña; y por supuesto, las relaciones del capital con la fuerza de trabajo que mantenía todo el proceso productivo comenzaban a devenir irresolubles.
Crecimiento, Desarrollo, Progreso, Modernización, son algunas de las efusivas proclamas estratégicas que el capital estaba poniendo en boca de todos. Salir del atraso del Antiguo Régimen tenía un precio, y en muchas de las ocasiones en las que el conflicto devenía en huelgas campesinas, las imponentes embestidas de la economía moderna se llevaban por delante no sólo la esperanza de mantener un estilo de vida tradicional, sino simple y llanamente los últimos estertores de muchas poblaciones obreras. Tendría que llegar la contrarrevolución del fascismo español para dar la estocada final a este proceso inaugurado más de un siglo antes, pero para no adelantar una tragedia de la historia, a principios del siglo XX, la resistencia tenaz y descarnada de los obreros tanto del campo como de la ciudad contra la explotación lisa y llana, tenía todavía unas cuantas batallas por las que luchar. Buenas muestras de esto se rescatan en este volumen de Cuadernos de Contrahistoria Local.
Con la llegada de las ideas socialistas y anárquicas a la península, el número de organizaciones obreras con distintas perspectivas había ido en aumento hasta los albores del siglo XX. Asociado a unas incipientes y primitivas formas de protesta social, eso que la historiografía ha denominado los motines del pan, ya en un temprano febrero de 1897 el pueblo de Aranjuez comienza a agitarse por la subida desproporcionada y especulativa del precio de tan necesario y cotidiano producto. Habremos de esperar al año 1902 para presenciar los movimientos que, sobre el tablero del conflicto de clase, el Estado comenzaba a plantear para apaciguar las recurrentes tensiones sociales que la imposición del capitalismo estaba produciendo. De este modo, surgen las Comisiones de Reforma Social, una punta de lanza del reformismo burgués que intentaba desde la ideología regeneracionista y el denominado socialismo de cátedra, extender la dependencia y el control sobre las clases peligrosas frente a unas cada vez mayores acometidas organizativas populares. La creación en 1909 del Centro Obrero en la localidad ribereña es una buena prueba de ello, al igual que el nacimiento de las primeras asociaciones de obreros del campo, sindicatos católicos incluidos, o de la patronal. Una estructura organizacional polarizada que inaugura un período de conflictos en suelo ribereño hasta el desenlace armado de la Guerra Civil.
La huelga del campo de 1916, cuyo estudio realizado por José Antonio Martín será publicado próximamente en estos Cuadernos, forma parte de uno de estos primeros ecos del movimiento obrero. Centrada esencialmente en un proceso de negociación colectiva entre organizaciones formales, esta huelga es de vital importancia para entender la estructura del conflicto de clase en la mayoría de los hechos históricos similares hasta el año 1939. Partiendo de unas condiciones prácticamente infrahumanas en los tajos (léase la recurrente petición de abastecer de agua potable a los obreros por parte del patrón), las reivindicaciones presentadas bajo la forma de bases de trabajo por parte de los jornaleros, son ninguneadas por la patronal del ramo, a lo que la organización obrera de turno responde con un paro en sus actividades de asalariados, comenzando el desarrollo de las jornadas de huelga y determinando su desenlace y posteriores consecuencias. En este caso, y en tan tempranos años del siglo XX, vemos cómo el capitalismo agrario tiene visos de haberse consolidado como fuerza hegemónica en la comarca de Las Vegas, especialmente en el municipio de Aranjuez.
Sin embargo, esta condición hegemónica con la que el Capital ha colonizado la vida del campo ribereño, se ha visto soliviantada continuamente por la perseverancia de las protestas de los obreros, no sólo del campo, de Aranjuez y sus poblaciones vecinas. Al menos así lo atestigua el trabajo de Curro Rodríguez y su investigación sobre la huelga del campo ribereño del verano de 1932. Dos son las intenciones de este trabajo. Tratándose de una huelga en la que el meollo de la cuestión se centra en la negativa de los obreros al empleo de maquinaria para la siega por parte del empresario de turno, este trabajo intenta indagar en las causas históricas de una negativa que, tal y como se demuestra en el escrito, era bastante generalizada por aquellos años. La oposición, consciente o no, al consumo de baratijas que provenían de la incipiente industria nacional, la negativa al recurso del crédito y el endeudamiento, así como el obstinado enfrentamiento a la imposición de la maquinaria en el mundo del trabajo, son algunos de los elementos que la moderna historiografía ha considerado como factores de atraso en la vida económica del país. De hecho, da la impresión consultando el amplio espectro de trabajos históricos sobre la cuestión, desde el liberalismo más simplón hasta los autores izquierdistas o abiertamente declarados como marxistas, que el proceso de modernización económica, esto es, la consolidación del marco de las relaciones de producción capitalistas en el estado español, es un proceso necesario y natural, condición sine qua non, para salir del atraso del Antiguo Régimen y de la barbarie. Un proceso lineal, determinista y por supuesto necesario, en aras de una cada vez más aceptada ideología del Progreso, que en su difusión tanto se han empleado a fondo una buena parte de la historiografía oficial. Ahora bien, la realidad histórica parece ir por otros derroteros. A menudo, el aumento de la productividad, la acumulación de capitales, la mercantilización de todas las facetas de la vida o el individualismo burgués, se encontraban con la resistencia de una buena parte de la población, todavía con cierto margen para decidir sobre sus asuntos, aunque fuera cada vez más exiguo.
Por otro lado, la huelga de 1932, que en muchos aspectos recuerda al desarrollo de la mencionada del 16, nos muestra la cuestión de la solidaridad activa y el compromiso de clase, en el centro de todo el conflicto. Salvando el papel de la delegación en las negociaciones, del arribismo político y la falta de autonomía siempre mediatizada por el arbitrio ministerial o institucional, la huelga del 32 muestra que los lazos de solidaridad del pueblo de Aranjuez no se han visto quebrados de forma definitiva por las embestidas salvajes del capitalismo agrario, y que lejos de haber impuesto su modelo de dominación totalitario, quedan resquicios para que las clases populares puedan reconocerse en un marco de relaciones entre iguales. Sin lugar a dudas, el contexto histórico abiertamente favorable para la resolución positiva de este tipo de conflictos dentro de un marco legal, jugó un papel importante. En 1932, con la reforma agraria republicana a punto de aprobarse, lejos todavía de las acometidas contrarreformistas del Bienio Negro y la contrarrevolución del fascismo español desde 1936, las huelgas de este tipo en muchas ocasiones se resolvían de forma favorable para los obreros en lucha. El horizonte de emancipación social no era ni de lejos una premisa de esta huelga, pero sus modos de desarrollo y resolución, incluidos los aspectos incontrolados de la protesta, todavía sugieren una concepción de la vida compartida, una mentalidad resistente que tristemente no tardaría en ser totalmente barrida de la historia unos pocos años después. Rescatar un episodio de este tipo, valga pues como ejemplo de lo que un día fue el pueblo de Aranjuez y del que habríamos de aprender.
Por último, para finalizar este segundo volumen de nuestros Cuadernos, hemos incluido la transcripción debidamente introducida con unas notas preliminares, de las Bases de Trabajo agrícola de Chinchón para el año 1932. En realidad, se trata de todo el legajo rescatado del archivo municipal de Chinchón, donde ha quedado registrado todo el proceso de negociación institucional de las mencionadas bases entre las organizaciones obreras, la patronal y el Estado en sus diversas manifestaciones administrativas (Alcaldía, Delegación de Trabajo, Gobernación Civil, etc.). Incluyendo este material, por un lado hemos pretendido ilustrar con fuentes de primera mano una parte del trabajo expuesto por Curro Rodríguez, en tanto en cuanto la falta de documentación relativa al caso de Aranjuez, bien puede complementarse con la encontrada en la localidad vecina y cabeza del partido judicial de la comarca. En segundo lugar, el volumen tal y como lo publicamos, tiene un valor histórico no sólo como fuente auxiliar o indirecta, sino que puede dar pie, por sí mismo, a una investigación particular sobre la historia agraria y rural del municipio de Chinchón, esperando que suponga y pueda ser utilizado como un material valioso para futuras investigaciones. Cuestiones como la estructura social de clase de Chinchón, el problema de la propiedad, de los usos y costumbres locales de empleo de mano de obra, de la aparición del movimiento obrero y sus respectivas organizaciones, así como de las nuevas relaciones que el capitalismo agrario estaba poco a poco imponiendo, son una buena muestra de los horizontes de investigación que se adivinan tras esta documentación. Invitamos por tanto a profundizar en estas cuestiones, sin lugar a dudas de sumo interés para la historia de la comarca de Las Vegas.
Por nuestra parte, siguiendo la orientación general de esta editorial, sólo queremos resaltar un aspecto claramente visible en la descripción de todo el proceso de negociación aquí recogido. Llama poderosamente la atención las contínuas alusiones a los campesinos no asociados, ya fueran propietarios o jornaleros. Más allá de los intereses de clase en disputa, lo cierto es que no sólo las organizaciones obreras tenían problemas a la hora de lidiar con semejante testarudez y falta de entusiasmo para con el asociacionismo obrero, sino también los propios historiadores, que habitualmente han achacado este aspecto al carácter históricamente conservador del trabajador del campo. Sin embargo, siguiendo a Marc Badal, la ciencia social marxista ha necesitado un largo proceso de autocrítica para empezar a darse cuenta que el campesinado no compartía esa concepción lineal y teleológica del tiempo histórico. Los campesinos nunca lucharon por crear un mundo nuevo. Tan solo pretendían aliviar el sufrimiento cotidiano. Si alejaban su mirada del presente no la dirigían hasta un futuro desconocido sino hacia un pasado mejor (1). De este modo, habremos de asumir que nuestra mirada en tanto que observadores e intérpretes de la historia, habrá de limpiarse las legañas ideológicas que han focalizado al campesinado como un ente clasificable segun esta o aquella visión histórica o política, y no en sus circunstancias reales de desarrollo vital, con sus formas de resistencia cotidiana y sus recelos históricos, sus manifestaciones antropológicas y sus relatos transmitidos por generaciones hasta sus desaparición o aniquilación. Por mucho que deje una puerta abierta a la incertidumbre, la ciencia social se basa en la convicción de que el comportamiento social obedece a una racionalidad descifrable. Por este motivo, la realidad se obstina en escabullirse entre sus dedos(2).

Notas:

1 Badal, Marc. Vidas a la intemperie. Notas preliminares sobre el campesinado. Campo Adentro. 2014. En este sentido, recordemos el amplio recurso al ilegalismo (furtivismo, hurtos, contrabando ,extraperlo, etc.) como forma no sólo de supervivencia, sino también de resistencia colectiva, en la historia moderna y contemporánea ribereña. Nos remitimos a un anterior trabajo de Curro Rodríguez editado en el primer volúmen de estos Cuadernos, Aranjuez o los Infortunios de la Servidumbre.
2 Ibidem.

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KYKLOS ALPHA

Desde La Tormenta queremos anunciaros la publicación de un nuevo volúmen sobre la historia dle movimiento libertario español durante la dictadura franquista: KYKLOS ALPHA, Historia del movimiento libertario español durante la dictadura, por Kostas Floros. Se trata de un buen compendio hasta hoy sin muchas publicaciones similares, editado originalmente en Grecia y traducido al castellano, que repasa las luchas de resistencia al fascismo, los debates recurrentes en el seno del mivimiento tras el final de la guerra, sus victorias y derrotas, así como un corpus documental elaborado y realmente extenso. La edición incluye un DVD documental elaborado por el entorno del autor, con entrevistras a militantes históricos,visitas a los lugares emblemáticos de la resistencia y otros materiales de gran interés. En palabras del autor:

El lector de este libro tendrá muchas veces la tentación de identificarse con militantes o tendencias y de desestimar precipitadamente comportamientos y decisiones. Sin embargo, me gustaría pedir a quien se moleste en leer esta historia que lo haga tratando de poner en tela de juicio y desafiar lo que para él mismo sean opiniones arraigadas y no centrarse en esos fragmentos del libro que justifiquen su forma de pensar. Sólo así puede este libro ser realmente útil y proporcionar al análisis político de cada uno, planteando cuestiones y haciendo tambalear estereotipos teóricos cómodos (cómodos no porque no sean producto de la reflexión, sino porque los procesos masivos son una realidad completamente diferente de un microcosmos político). Si no, este libro no sería más que una historia obsoleta de acción, abnegación y politiquería, sólo práctico para que su tamaño ocupe un poco más de espacio en las estanterías de la biblioteca.

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Datos técnicos:
476 pgs.
15,5 x 23 cm
papel offset blanco 80 grs.
cubierta cartulina estucada mate 300 grs
encuadernación rústica
PVP: 9 euros
30% para distribuidoras.
Información y pedidos: bslatormenta@yahoo.es

CUADERNOS CONTRAHISTORIA LOCAL

cubiertapromoYa tenemos copias disponibles del primer volúmen de los Cuadernos Contrahistoria Local. Para pedidos podéis escribir a: bslatormenta@yahoo.es.

15,5×23 cm, 84 pgs. en papel ahuesado de 80 grs.
PVP 3,50 euros
P.distribución 3 euros
 

Editorial.

Echar un vistazo a la abundante bibliografía existente sobre Aranjuez, su historia y su entorno, es una tarea que puede causar cierta sensación de monotonía. Ante una más que visible abundancia de contenidos y temáticas tratadas en el espectro de trabajos sobre el municipio de Aranjuez, encontramos una evidente pobreza, ciertamente sintomática, de perspectivas metodológicas y de orientación investigadora. En el ámbito de la historiografía y su catálogo de trabajos sobre el entorno ribereño, lejos de despertarnos de este letargo, el oficialismo más lineal copa todos los caminos de tan deseada apertura.

La Historia no es una disciplina objetiva y aséptica. Por mucho esfuerzo que las diversas escuelas historiográficas, desde el positivismo hasta el marxismo “ortodoxo”, hayan demostrado por hacer de la Historia la Ciencia del Hombre con mayúsculas, situándola al mismo nivel que la física o las matemáticas, lo único a lo que han llegado es a utilizar la disciplina de forma profundamente ideológica. La ideología, tal y como ya la definió la sociología del conocimiento, en tanto que falsa conciencia, contruye la realidad y el fenómeno a explicar a priori. Desde unas premisas bien definidas, aborda la realidad y la manera de conocerla simplemente para confirmar o enrejar a ésta dentro de aquellas. Por eso la Historia ha sido una de las armas preferidas de la clase dominante para ejercer su control en el conflicto de clase.Un buen ejemplo de esto fue la manipulación ideológica que el nacionalismo burgués desplegó en todo el Siglo XIX. Pero del mismo modo, las tergiversaciones del leninismo y la III Internacional con respecto a los trabajos de Marx, supusieron no sólo la vulgarización hasta el ridículo de muchos trabajos históricos que se pretendían serios, sino que poco o nada ayudó para avanzar en las tareas de la emancipación social, la abolición de la sociedad de clases y por tanto del Estado y el Capital. Ideología y oficialismo generalmente siempre han ido de la mano. Esconder las miserias de la dominación, viniese de donde viniese, era la consigna que ya partía de la mayoría de escuelas y facultades que conformaban la conciencia de l@s historiador@s.

Queremos desaprender una historia para aprender la otra, la de la rebelión contra las distintas formas de poder, contra cualquier forma de explotación y de dominio, la de la libertad que desborda los cauces asignados por el amo. Y sin confundirla con la ideología, ni con la repetición crédula de cuatro verdades estereotipadas, ni con la nostalgia de un pasado mítico, ni con el mito del progreso(1). Por tanto, una contrahistoria capaz de señalar no sólo las imposturas de la historia oficial, sino apuntar directamente a las raíces del sometimiento y la servidumbre, sus causas históricas y los modos que el devenir histórico han proporcionado para su superación. Aportar aunque sólo sea una mísero grano en la tarea de sepultar al Viejo Mundo, es el horizonte que mueve a esta publicación y los escritos que recoge. Somos conscientes de la apremiante necesidad de encarar los problemas generados por la desmemoria generalizada, de intervenir en un decurso de los hechos que a día de hoy sólo huelen a desastre, y por supuesto, rescatar del olvido aquellos momentos en los que la rebeldía se ha materializado en Historia, sin adjetivos, momentos en los que la vida de las personas ha merecido llamarse así por la intensidad de sus arrebatos, haciéndose primera persona libre y dueña de sus asuntos, y no mero instrumento del poder. Combatir la desposesión a fin de cuentas.

Aranjuez, durante varios cientos de años, ha sido prácticamente una isla en el tiempo, una paradoja utópica de la Historia, en la que el proyecto de la dominación trabajaba al unísono con el ser de este pueblo. Parar el cambio era la consigna, y por tanto, construir un modelo ideal de territorio hecho a medida de la monarquía, y de las elites al fin y al cabo. Y así ad infinitum, por siempre jamás, sometido todo un pueblo y sus gentes a la voluntad del poder y sus deseos. Por lo que en este contexto, hemos de reconocer lo abiertamente dificultoso de encontrar en la literatura disponible, no ya algún trabajo medianamente crítico con esta situación crónica, sino que de pasada enuncie o señale a los culpables de la parálisis histórica de Aranjuez y su comarca. La escasa conflictividad social ribereña, la casi inexistencia de episodios remarcables de la guerra social, ha ido siempre acompañada del silencio de sepulcro de sus historiadores y cronistas. Indagar en las causas de tanta desgracia histórica, es definitivamente uno de los objetivos que Curro Rodríguez intenta recoger en su escrito, asumiendo que la servidumbre no es causa de nada, sino consecuencia de un devenir desdichado, rascando la superficie del oficialismo y sus trabajos, para intentar sacar a la luz ese motor tan poderoso de cambio en la historia como lo es la lucha de clases. No se apela a ninguna interpretación psicologista, ni a un supuesto miedo de la libertad colectivo, porque la materia de la que está hecho el ser del pueblo de Aranjuez, y por tanto su subetividad, es exactamente la misma que la de sus vecinos, tanto más si cabe teniendo en cuenta que la mayoría de sus pobladores son inmigrantes venidos de otras regiones, pero rápidamente absorbidos por el escenario que hemos descrito.El infortunio de Aranjuez no ha sido la búsqueda de la virtud como la Justina de Sade, sí por el contrario el no poder deshacerse de siglos de servidumbre, aun cuando en ocasiones un importante empeño se ha puesto en ello. Es por esto que en los Infortunios de la Servidumbre se ha querido añadir un peculiar anejo al texto principal. Se trata de un barrido periodístico sobre prensa de la etapa republicana, esencialmente de los años 1932 y 1934, en lo que re recogen algunos de los acontecimientos del conflicto de clase desarrollados en los límites del municipio de Aranjuez y algunas poblaciones vecinas. Huelgas, sabotajes, acciones directas contra mítines fascistas, y un más que significativo elenco de hechos muy poco analizados hasta la fecha presente.

Descubrir al pueblo de Aranjuez intentado hacerse dueño de sus vidas, poniendo en marcha el proyecto de la emancipación social y por tanto de la Historia, es un trabajo pendiente que pocos han asumido como propio. Y no porque no existan hechos históricos acreditados como tales, al párrafo anterior nos remitimos, sino porque simple y llanamente se han arrojado al vertedero infame del olvido. Esperamos contribuir con estos cuadernos a rescatar esos episodios de la historia ribereña que, conscientemente o no, han sido sepultados por el peso de la ideología dominante y sus historiadores a sueldo.

Notas:
1 “Acerca de la Historia. En esta época de guerra…”, Revista Etcétera # 40, Barcelona. Mayo, 2006.

Nuevo horario de La Tormemta.

Desde este mismo mes de octubre, el horario de apertura de la biblioteca cambia a los martes de 17.00 a 20.00. Además de aprovechar para echar un vistazo a nuestros fondos, también podéis adquirir el material que la delegación ribereña de la Fundación Anselmo Lorenzo tiene a la venta en el local, así como el conjunto de libretos que La Tormenta tiene editados. Gracias, nos vemos por la biblio!

Novedades

Durante este verano, hemos incorporado algunas referencias nuevas a los fondos de la biblioteca, y en especial queremos reseñar el siguiente libro, que gracias a lxs compañerxs de L`Escafandre, nos hemos hecho con una copia:
Un resquicio para levantarse. Historia subjetiva del APRE. Javier Ávila Navas.
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En este libro nos cuenta su autor, llamado el Niño, sencilla y directamente, su vida. Pero hay vidas y vidas. Esta es la de un rebelde cuya forma de ser le lleva a participar en la creación de situaciones de las que dan qué pensar. Habiendo sido “cliente”, desde muy jovencito, de las instituciones punitivas estatales, se enfrentó siempre a ellas con impulso refractario y autoafirmativo, intentando y logrando la fuga en numerosas ocasiones. Aún así, ha pasado 28 años en prisión, muchos de ellos sometido al programa penitenciario de neutralización denominado eufemísticamente “Régimen Especial” y al que podríamos llamar con mayor propiedad régimen de máxima crueldad, verdadero núcleo duro de la institución total carcelaria. Ante su acción deshumanizante, encontró, con sus compañeros de castigo, en la amistad y el apoyo mutuo y en la lucha común por la libertad, la justicia y la dignidad de todos, un refugio donde continuar siendo ellos mismos. Para avivar el fuego de la insurrección contra las infrahumanas condiciones de vida en las cárceles españolas, que llevaba encendido ya unos cuantos años, concibieron el APRE -Asociación de Presos en Régimen Especial- que intentó aglutinar, alrededor de una tabla reivindicativa y unas tácticas comunes, a la minoría de irreductibles que habían sido destinados a ‘la cárcel dentro de la cárcel” para quebrarlos, disuadiéndoles de seguir intentando la fuga y su supervivencia como seres humanos. Aunque la llama se extendió durante algún tiempo, su levantamiento fue finalmente aplastado en el aislamiento, por la violencia y por la astucia de la izquierda de la partitocracia española, los “socialistas” de la corrupción y del GAL, apoyados incondicionalmente por los “medios de comunicación de masas” y por la mayor parte de la sociedad española del momento, con instrumentos de excepción como los FIES, convertidos después en norma, a pesar de su evidente ilegalidad. Pero conquistaron al menos un punto de vista, una perspectiva de la dominación, lograda enfrentándose a ella en primera línea. Muy reveladora, por tanto, para quienes alguna vez se decidan a intentar lo mismo. Desde ahí puede comprenderse mejor también los cambios subsiguientes en el sistema penitenciario, como la construcción de macrocárceles o la invención de los “módulos de respeto”. Lo que se ofrece aquí es, entre otras cosas, un ejercicio de memoria y reflexión sobre todo eso.

Tokata – La Gatonera – L’escafandre – Asamblea de Apoyo a Presos de Madrid 2013

Por otro lado desde El Salmón/ Cul de Sac, nos han hecho llegar el paquete con sus últimas ediciones:
Los límites de la conciencia. Ensayos contra la sociedad tecnológica. Juanma Agulles.
9788494109256
Revestidas de una capa de alta tecnología, nuestras sociedades contemporáneas siguen inmersas en el proceso de industrialización acelerada que se inició hace dos siglos. Los problemas de la desposesión social creciente, la organización burocrática, el expolio de la naturaleza, la violencia y la represión, no sólo no se han resuelto, sino que se han agudizado hasta el punto de poner en duda la supervivencia de gran parte del mundo que conocemos.

La crítica de aquello que nos destruye está marcada, entonces, con las huellas de la destrucción. Ante la enormidad de las tareas por acometer, hay que evitar la tentación del atajo retórico, de la apelación en forma de letanía a una Revolución que de un solo golpe lo transformase todo, o la descripción de un origen puro y perfectamente armónico del que nos hemos apartado y al que será posible regresar simplemente con desearlo.

Es necesario reconocer primero los límites de la conciencia para intentar establecer los límites al desarrollo de unas sociedades tecnológicas que caminan, sonámbulas, hacia el desastre.

Juanma Agulles es autor de ios libros Non legor, non legar. Literatura y subversión, y Sociología, estatismo y dominación social, y participa en la revista de pensamiento crítico Cul de Sac.
Ediciones el Salmón. Madrid-Alicante 2014.

Rock para principiantes. Miquel Amorós.
9788494109249
En los años cincuenta del siglo pasado surgió un género musical que desde su nacimiento se asoció a la crisis social /alores en los países más desarrollados de Occidente, sentida de manera particular por los jóvenes: el rock. Junto con las experiencias propiciadas por el uso de las drogas y la liberación sexual, el rock mostraba, en palabras del autor, que «había vida más allá del trabajo, fuera del instituto, y lejos del sofá frente al televisor».

Pero no se quedó ahí, y muy pronto el rock se convertiría en la banda sonora de las rebeliones que se sucedieron durante los años sesenta contra el mundo de la mercancía. La revolución y la diversión caminaban juntas, adquiriendo la primera una dimensión lúdico-popular, y la segunda un carácter subersivo.

Vencidas aquellas revueltas, y convertido el propio rock en un producto más para el consumo de masas, desde entonces ninguna otra música “logró expresar las esperanzas universales de libertad y autorrealización como el rock de aquella época; ninguno enseñó tanto a desaprender, ni desafió tan eficazmente al orden, ni alentó tanto tiempo la protesta”.

Miquel Amorós, anarquista y nieto de anarquistas, historiador, escritor y traductor, es autor de libros como La revolución traicionada, las armas de la crítica, Durruti en el laberinto, los situacionistas y la anarquía o salida de emergencia. Actualmente es coeditor de la revista antidesarrollista y libertaria Argelaga y participa en Francia en el grupo editor Les Amis de la Roue.
Ediciones el Salmón & Argelaga, Madrid 2014.

George Orwell ante sus calumniadores.Éditions Ivrea.Éditions de L’Encyclopédie des Nuisances.
9788494109232
El 11 de julio de 1996 el diario inglés The Guardian lanzó la noticia de que George Orwell, autor de las célebres novelas 1984 y Rebelión en la granja, habría colaborado con los servicios secretos británicos como delator de comunistas. En los meses sucesivos fue subiendo el tono de las acusaciones, por lo que los editores de Orwell en Francia se vieron obligados a redactar esta defensa de George Orwell ante sus calumniadores.

No obstante, el bulo de un Orwell «espía» o «chivato» anticomunista no ha dejado de repetirse desde entonces, y por ello rescatamos este texto, editado hace diez años por Likiniano Elkartea, donde se refutan todas esas calumnias, para uso de aquellos que aún sepan qué hacer con la verdad. Insistir hoy en la inocencia de George Orwell muestra la vigencia de lo que él mismo escribiera un día: «Hemos caído tan bajo que la reformulación de lo obvio es la primera obligación de un hombre inteligente».
Ediciones El Salmón y DDT Banaketak, Madrid 2014.

¿Otra vuelta de Tuerka?- Juanma Agulles.

A continuación publicamos un texto aparecido recientemente en la revista Hincapié:www.revistahincapie.com, de Juanma Agulles, sobre la nueva situación de efeverscencia institucionalista que se ha apoderado de muchos movimientos sociales, fenómeno PODEMOS mediante.

1. La defensa de lo obvio

 Creo que fue Raymon Aron quien dijo que en política muchas veces sólo cabe elegir entre lo preferible y lo detestable. Y probablemente tuviese razón. Al menos si entendemos la política como lo hace la mayoría de la gente. Me refiero a esa mayoría que aún cree que las elecciones sirven para algo.

Los resultados de Podemos en las elecciones al Parlamento Europeo han hecho que esa creencia se refuerce e incluso tengo la impresión de que llevó a las urnas a algunos que hasta entonces no se lo habían planteado. Creo también que, de aquí a las próximas elecciones autonómicas y municipales, serán más los que se conviertan a la nueva fe. Es evidente que hay algo que está cambiando, y que la irrupción de Podemos expresa un desplazamiento ideológico en la sociedad y tendencias de voto que pocos esperaban. Que este desplazamiento en el espectro político anticipe un cambio de régimen, que la regeneración del sistema esté a la vuelta de la esquina, o que vayamos a regresar a una pretendida Edad de Oro keynesiana, es harina de otro costal.

Pero antes de realizar la crítica de lo que Podemos cree que puede hacer por cambiar este mal llamado país, es necesario defender a la formación política de las falsas críticas. No me voy a ocupar de las histéricas reacciones de los hooligans de la ultraderecha, porque no dan para mucho. Es sobre todo cierta crítica hecha «desde dentro» la que me interesa, porque señala mejor el camino para un análisis de lo que Podemos podría representar en el panorama político durante los próximos años.

Pasemos entonces a los reproches lanzados (en ocasiones sólo sugeridos) desde ese «fuego amigo», que dicen más por lo que dan por supuesto que por la pretendida crítica que realizan al ascenso de la nueva formación política. He seguido los argumentos del artículo «Cinco claves del éxito de la campaña electoral de Podemos», firmado por Eduardo Muriel. Sin ser una crítica pormenorizada, este artículo sí apunta algunos de los posibles reproches que un electorado «de izquierdas» podría hacer a las formas en que Podemos ha desarrollado el contenido político de su campaña.

El primer punto que se aborda como clave del éxito electoral es «la elaboración de un discurso sencillo y que apele a la emoción». Según se nos dice, Pablo Iglesias y el resto de impulsores de Podemos habrían afrontado la tarea de convertir al sentido común los diagnósticos de una izquierda «demasiado centrada en la intelectualidad y encerrada en sí misma» (son palabras de Iglesias), para elaborar un «discurso» que movilizase la emoción y no tanto la razón. Todo ello con el fin declarado de hacer llegar su mensaje a «la gente», más allá de unos cuantos militantes ya convencidos.

Lo primero que sorprende es que alguien haya podido encontrar una izquierda centrada en la intelectualidad, o simplemente una izquierda que mereciese tal nombre, para tener que hacer luego de traductor a las masas. Por otro lado, sería difícil encontrar alguna diferencia entre el uso que Podemos hace de los mensajes sencillos y que apelan a la emoción, y el que hacen el resto de partidos políticos durante una campaña electoral. Hablar genéricamente a «la gente común» es el objetivo de cualquier partido que aspira al poder. Y eso se llama hacer propaganda. Si Podemos significa algo novedoso en este sentido es en que supone un arrollador triunfo de la propaganda maximalista, hecha por una formación política que apenas tenía cuatro meses de vida. Pero eso dice más de la situación del electorado, de la cultura política que sufrimos y de la descomposición social en curso, que de las tácticas de Podemos.

La lógica del poder político hegemónica en nuestros días exige cambiar pensamiento por masa (la masa no piensa), y la propaganda tiene exactamente ese cometido. Pero todos los partidos han usado su maquinaria propagandística, y han utilizado por tanto mensajes sencillos y que apelan a la emoción, con resultados dispares. El caso es que algo tendría de particular el contenido de la propaganda de Podemos para lograr movilizar al voto. Y eso es lo que se escamotea con las críticas más superficiales. Es decir, que Podemos ha conseguido exactamente lo contrario de lo que se supone está en la base de su acción política, porque el acto de votar no supone asumir un compromiso férreo y duradero con las prácticas democráticas y la toma de responsabilidad en los asuntos públicos, sino todo lo contrario: expresa, literalmente, la voluntad de delegar esa tarea en otros. Por tanto lo particular de Podemos no es el uso de la propaganda, que toda política electoral requiere, sino de utilizar una propaganda anti-propagandística, que ha conseguido desplazar la argumentación política hacia un supuesto «sentido común», que la formación capitalizaría precisamente por ser nueva y no estar embarrada en la política institucional; lo que a partir de ahora ya no podrá decir.

Un segundo punto que se aborda como clave del éxito de Podemos, y que podría levantar las sospechas entre un electorado «de izquierdas», es el uso del lenguaje audiovisual. Es conocido el papel que el programa de televisión La Tuerka ha tenido como lugar donde Pablo Iglesias, Iñigo Errejón y Juan Carlos Monedero, entre otros, se han fogueado en el ingrato oficio de tertuliano. El salto de Iglesias a las televisiones mayoritarias y a las tertulias políticas del prime time era la consecuencia lógica de una paciente labor para abrirse un espacio en la programación. Pero eso no diferencia, o no de manera definitiva, a Podemos del resto de partidos. Cualquier formación política de nuestros días está obligada a utilizar esos medios si quiere existir. Parafraseando a Neil Postman: no es la televisión dentro de la política, sino la política dentro de la televisión. Ahora bien, eso no quiere decir que todo el que tenga acceso al medio audiovisual tiene capacidad para convertir sus opiniones en más de un millón de votos. ¿Alguien cree seriamente que Paco Marhuenda o Alfonso Rojo hubiesen sacado tanto rédito electoral de su omnipresencia televisiva con una candidatura propia?

Si hay algo que puede diferenciar a Podemos es que sus promotores son también productores de contenidos televisivos y que se encuentran a sus anchas en ese medio, algo que muchos profesionales de la política sólo consiguen con mucho esfuerzo. Los gestos calculadamente lentos y suaves, el hieratismo, la voz pausada y más grave cuanto más se quiere subrayar una idea, el aspecto formal-informal, etcétera, no son sólo una imagen de la política, sino la política convertida en imagen. Ciertos gestos, algunas técnicas de comunicación, se pueden aprender y entrenar, pero hay cosas que vienen dadas con una forma de entender las relaciones con los demás. Y eso es lo que Podemos, a través de la presencia televisiva de Pablo Iglesias, ha conseguido: trasladar esa forma de relacionarse al imaginario de mucha gente que quería un cambio sin tener que cambiar nada fundamental. Representa un poco el papel del «hermano menor razonable». No se trata, por tanto, del «hombre fuerte» o el clásico «salvapatrias», no es tampoco el «experto» o el «tecnócrata», sino el muchacho un punto rebelde, más listo que la media, un poco El indomable Will Hunting, que viene a pasarles el trapo a sus mayores (con su boletín de calificaciones universitarias en la mano) y a decirles que la hora del relevo ha llegado. El personaje funciona, y ha ejercido su papel en el medio televisivo con gran éxito de público. Pero no se debe, o no sólo, al uso de determinadas técnicas de comunicación audiovisual, sino que el personaje ha calado, ha tocado una fibra oculta, que quizá ni sus mismos promotores esperaban alcanzar.

Y con esto llegamos al siguiente punto espinoso: la formación de un liderazgo. Quizá sea esto lo que más puede escamar a las bases de Podemos y a cierta militancia de la izquierda. Endosarle de entrada los calificativos de populistas o personalistas, en las condiciones políticas actuales, parece un ejercicio de mala fe. En cualquier caso todos los partidos políticos son populistas y demagogos, y se sostienen sobre un fuerte personalismo encarnado en su «jefe de filas». Si a alguien le resultó molesto que la cara de Pablo Iglesias figurase en las papeletas de voto, no sé si se dio cuenta de que las caras de los cabezas de lista de los partidos más mayoritarios aparecían en enormes vallas publicitarias, y que asociar un nombre propio, una cara, a unas siglas o a una idea de triunfo electoral es lo que llevan haciendo los partidos políticos prácticamente desde su aparición en la historia. No creo, por tanto, que el concepto de liderazgo que maneja Podemos sea muy distinto al del resto de formaciones políticas que participan en unas elecciones. En realidad es un liderazgo bastante clásico con los mismos problemas típicos dentro de los movimientos históricos de la izquierda, siempre preocupada porque no se le note que quiere el poder, necesitando continuamente recalcar que es algo coyuntural, que ya vendrá el momento de la participación efectiva, que lo importante ahora es la construcción de una alternativa «real», etcétera, etcétera.

Más que una clave del éxito de Podemos, el liderazgo de Iglesias se convertirá en un escollo más pronto que tarde, porque delata claramente que estamos ante un intento de relevo generacional y no de una revolución política ni de una transformación radical de la sociedad. Hay una parte de la sociedad que reclama ese relevo y quiere que se realice sin muchos sobresaltos ―y Podemos se nutre de ese deseo―, pero también hay una parte importante de las bases de Podemos que, aunque haya aceptado un liderazgo semejante de entrada, no podrá conformarse sólo con eso.

Hablando de las bases, llegamos al último punto que supuestamente ha marcado la diferencia entre Podemos y el resto de partidos políticos: «el uso de las formas del 15-M». En varias ocasiones desde Podemos se ha aludido al llamado 15-M como origen o momento fundacional, y algunos reclaman que el partido no se aparte demasiado de la horizontalidad de aquel movimiento, espejo donde se debiera mirar siempre. Podemos sería entonces una especie de valedor institucional de las reivindicaciones, aún presentes, de los indignados. Y en cierto modo es así, solo que totalmente al contrario. Es decir, que Podemos surge de la derrota del 15-M, de su reflujo y su desarticulación en distintas reivindicaciones parciales, mareas de todo tipo y conflictos sectoriales que no consiguieron mayor adhesión en los años posteriores a 2011. Surge precisamente de la constatación de un límite: la imposibilidad de realizar una revolución política desde fuera de la política. Mantener el capitalismo sin sufrir sus consecuencias negativas no estaba al alcance de ninguna asamblea de barrio ni comisión política del 15-M, porque para mantener el capitalismo (es decir, el desarrollo económico) es imprescindible contar con el aparato del Estado. De ahí, Podemos. ¿Qué podemos? Exactamente esto: mantenernos en el selecto club de las economías desarrolladas y, al mismo tiempo, repartir mejor el pastel.

Podemos, por tanto, no utiliza «los modos del 15-M», al contrario, utiliza el fondo que movilizaba a la indignación, y lo que cambia, precisamente, es el modo de hacerlo; tanto que lo saca de las plazas y lo mete en el Parlamento Europeo. Lo que se mantiene del 15-M es la voluntad de construir una socialdemocracia 2.0, sobre la base de una indignación moral políticamente ambigua, alineada claramente con la idea de un fuerte desarrollo económico y hasta de una «reindustrialización». Todo ello articulado por dos conceptos clave: patria y redistribución de la riqueza.

Después de haber defendido a Podemos de las críticas parciales, estamos en condiciones de abordar en profundidad sus propuestas que, como dijimos al principio, van de lo preferible a lo detestable. Pero como tendré que abordar con alguna extensión cuestiones que van más allá de un partido político en concreto, dedicaremos una segunda parte de este artículo al análisis de fondo de esta supuesta regeneración.

2. Apuntalar las ruinas.

Al parecer nos encontraríamos inmersos en un proceso constituyente que vendría a desmantelar el tinglado conocido como «régimen del setenta y ocho». El pueblo, la gente corriente, los de abajo, a partir de la catarsis colectiva que supuso el llamado 15-M o los movimientos indignados, habría despertado al amanecer de una regeneración democrática. Una casta de políticos profesionales, banqueros y élites del capital internacional, que durante más de treinta años habían secuestrado la voluntad del pueblo, empezó a ser señalada por la masa indignada como culpables de la crisis, la corrupción y el desmantelamiento de los servicios públicos. Los estragos de la recesión económica, que se cebaron sobre los más débiles, fueron dando paso a nuevas formas de organización. El descrédito de los partidos políticos tradicionales, los sindicatos, el gobierno y la justicia, abrieron una crisis de legitimidad, que se expresó en las acampadas de las plazas de muchas ciudades, entre mayo y septiembre de 2011, al grito de «no nos representan». Un movimiento ilusionante, no definido como de izquierdas o de derechas, sino como el movimiento de «los de abajo» que, poco a poco, se convirtió en una multitud de mareas reivindicativas. En los últimos meses, con la articulación electoral de Podemos, y la aparición de nuevos líderes que se definen a sí mismos como «dispositivos de comunicación política», estaríamos asistiendo al inicio de la recuperación de la soberanía arrebatada al pueblo, y a los primeros pasos dirigidos hacia una sociedad más justa en el reparto de la riqueza; abierta, por fin, a la participación ciudadana. El fin de la vieja política, el inicio esperanzador de una nueva transición.

Y colorín, colorado, este cuento se ha acabado. Hasta aquí, el relato mítico del «proceso constituyente», con Podemos en el papel de la organización que mejor ha sabido conectar con la ola de indignación y sacar un rédito electoral impensable hace apenas seis meses. Los de abajo contra la casta, las familias contra los banqueros, el sentido común contra la vieja política, etcétera. Los elementos del relato son conocidos y se pueden extender a cuantos aspectos de la realidad se traten, con leves variaciones. Así, si se habla de economía basta enfrentar la economía productiva a la especulación financiera. Si de Europa se trata, opondremos el Sur de Europa a la señora Merkel, o el pueblo contra la Troika. Si nos las tenemos que ver con los partidos adversarios opondremos sus bases a la casta de sus dirigentes… y así hasta la náusea.

El relato mítico extrae su fuerza de la repetición constante de esas oposiciones: «nosotros contra ellos», con independencia del contenido, porque evidentemente siempre nosotros seremos nosotros, y ellos, ellos. Y así las verdaderas causas de la opresión quedan veladas. Pero el mensaje, sin duda, llega mucho mejor. Sin embargo, no han sido los impulsores de Podemos (el conocido como círculo promotor) quienes han inventado el cuento. Se trata de la política de partidos de siempre, remozada, y expresada en el momento y el lugar oportunos, para oídos que estaban muy dispuestos a escuchar. En el momento en que la degradación social iba camino de convertirse en irreversible, cuando las condiciones de vida sufrían un hundimiento generalizado y el descrédito de las instituciones se profundizaba, la voz de los oprimidos reclamó amos mejores, y aquellos que siempre están dispuestos a acudir a la llamada, por fin, aparecieron. Se trata, sobre todo, de apuntalar las ruinas e intentar, por todos los medios, ampliar los plazos de vencimiento de una forma de vida condenada desde hace tiempo. Ese es el papel de Podemos, encauzar la negación del régimen que sufrimos hacia una reforma que mantenga las bases materiales de la opresión pero que adopte formas más «participativas».

La base social se nutre de los reductos de las clases medias, profesionales liberales, funcionarios y estudiantes que han visto cómo la extensión de la crisis económica ha hecho peligrar ese mundo que habían creído conquistar con tanto empeño. El mundo de una precaria seguridad garantizada por un Estado de Beneficencia, que es a lo máximo a lo que llegó aquí la utopía del Estado de Bienestar. Durante casi veinte años, la derecha de este país se había ganado a una parte importante de aquellos que reclamaban «trabajo por encima de todo», y con los mismos argumentos pueden pasar hoy a engrosar las filas de los Círculos. Para ellos se construye el relato mítico que hemos visto antes, y ganarlos para la causa pasa por desplazar los términos del debate a las nuevas coordenadas.

En muchos aspectos el trabajo ya estaba hecho. Es una tontería pensar que los dirigentes de Podemos son una especie de maquiavelos posmodernos que tenían todo planeado, o unos genios de la comunicación política (resultan más bien cansinos y pedantes) que han dinamitado el escenario político como parte de una estrategia bien diseñada. Se trata de la expresión organizada de algo que latía ya en las primeras marchas de indignados y que algunos calificaron como una manera de «obedecer bajo la forma de la rebelión». Una representación de la derrota de los movimientos empancipatorios y de las luchas sociales que, después de la Transición, pasaron a tener un papel testimonial, mientras la reconversión de una economía industrial a una economía de servicios integrada en la Comunidad Europea culminaba un proceso que se había iniciado con el Pacto de Estabilización de 1959. La conflictividad social de los años sesenta y setenta, duramente reprimida y posteriormente integrada en el régimen surgido de los Pactos de la Moncloa, fue desapareciendo mientras la modernización del país se realizaba a marchas forzadas, con cargo a los Fondos de Cohesión Europea, a las subvenciones de la Política Agraria Común y a los dictados del Banco Central Europeo.

El sueño de una sociedad de la abundancia se convertía en un férreo consenso político y social en torno al crecimiento económico y el desarrollo de las infraestructuras necesarias para formar parte del Mercado Común. Los fastos del ’92 dieron carta de soberanía a nuestra particular Gran Transformación, que en la segunda mitad de los años noventa se aceleró hasta puntos insospechados, abriendo un ciclo expansivo en base a la economía del ladrillo y al pelotazo inmobiliario. El hundimiento de aquel modelo se dio cuando las transformaciones sociales que había provocado empezaron a dar síntomas evidentes de degradación. Una sociedad de servicios, precarizada y en lo fundamental dependiente, con una masa de trabajadores indefinidos tanto en lo que supuestamente era su trabajo como en lo que significaba para el conjunto de la sociedad. Cuando la máquina de crecimiento urbanístico se atragantó con toda la mierda que había generado, era demasiado tarde para apelar a la conciencia política, y sólo cabía indignarse porque alguien hubiese parado la música para dar por finalizada la fiesta.

El horizonte político de la reivindicación se reducía a una defensa de las clases medias amenazadas y a la conservación de los servicios públicos como reducto de empleo estable. Para la gran masa de los inempleables, el camino pasaba por la migración o la reivindicación activa de una vuelta al modelo previo a 2008. Y en 2011, con más de diez millones de votos, se le entregó esa responsabilidad al PP. Pero no ha servido de nada. Podemos nace en ese escenario y propone una «reindustrialización» y un rescate de la patria de manos de sus captores, a los que un inexplicables síndrome de Estocolmo les otorgó una mayoría absoluta en el Parlamento que hasta hoy mantienen. Las características de ese proceso de cambio del sistema productivo, y de la redistribución de la riqueza que Podemos propone, pasan por el refuerzo del Estado, la nacionalización de algunas industrias estratégicas, la auditoria de la deuda pública para, eventualmente, no pagar una parte que se considera ilegítima y sostener los servicios públicos, y poco más. Las llamadas al crecimiento sostenible, el respeto al medio ambiente, la supresión de la energía nuclear o la prohibición de la extracción de gas esquisto (el proceso conocido como fraking), son brindis al sol dentro de un programa que propone reindustrializar el país, aunque se cuide mucho de no explicar qué sectores industriales serían objeto del relanzamiento. El proceso constituyente, al fin y al cabo, se convierte en una refundación del capitalismo sobre unas bases sociales arruinadas, un entorno natural devastado y unos movimientos sociales que ya no aspiran a la libertad porque las condiciones para el ejercicio de la misma han desaparecido bajo las mismas formas que hoy se quieren recuperar con un fin humanitario: repartir equitativamente la riqueza. Pero esa «riqueza» nunca ha sido más que la pírrica recompensa que unos pocos obtienen por el sometimiento al régimen industrial de la existencia de la mayoría.

De ese modo, el ascenso del llamado sentido común, que los líderes de Podemos no se cansan de invocar, significa, en la práctica, el repliegue hacia la defensa de un modo de vida indefendible, una vuelta de tuerca más en el encierro del trabajo asalariado y el consumo de un montón de banalidades. Las nuevas castas alternativas ya recorren, con ritmo digno de admiración, el camino hacia su institucionalización. Y en el proceso de construcción de lo que ellos llaman un discurso «hegemónico» lo primero que desaparece es la crítica radical a la cultura material sobre la que se sostienen las actuales formas de opresión. Por ello hay que tener claro el fondo de su propuesta: patria, trabajo, orden y movilización general hacia un horizonte redentor. Quienes nos hemos enfrentado siempre a este programa del Partido del Estado, conocemos bien qué tipo de energías del descontento explotan estos movimientos y qué compromisos debe asumir desde el inicio. Darles la bienvenida como un mal menor y apostar por lo «preferible» es asumir que formaremos también parte de lo «detestable». Y quienes no estén dispuestos a ello deberán afrontar los nuevos malos tiempos por venir y seguir presentando batalla en las peores condiciones imaginables.