II Encuentro del libro anarquista Zaragoza

II ENCUENTRO DEL LIBRO ANARQUISTA
ZARAGOZA 15, 16 y 17 de MARZO
El Encuentro tendrá lugar en el C.S.O. KIKE MUR (Pza. de la Memoria. Antigua Cárcel de Torrero), situado en el barrio de Torrero, Zaragoza.
Buses: 31, 33, 34, 39, 42 y C1.

VIERNES 15 MARZO
18:00h Apertura de puertas.

19:00h Presentación del libro: “Anarquismo social o Anarquismo personal. Un abismo insuperable” de Murray Bookchin.
(Editorial Virus).
Ponente: Juantxo Estebaranz.

SÁBADO 16 MARZO
11:00h Apertura de puertas.

12:00h Presentación del libro: “Red de Solidaridad de Seattle. Una experiencia de apoyo mutuo y acción directa” a cargo de sus editores.
(Editorial Klinamen).

17:00h Presentación del libro: “La revolución de los comités: Hambre y violencia en la Barcelona Revolucionaria. De junio a diciembre de 1936” de Agustín Guillamón.
(Editorial Aldarull).
Ponente: Agustín Guillamón.

19:00h Presentación del libelo: “Cuerpo a Cuerpo -Ai Ferri Corti-” a cargo de Librería el Insurgente.

DOMINGO 17 MARZO
11:00h Apertura de puertas.

12:00h Charla/Mesa redonda: “La crisis como desposesión” a cargo de Editorial Etcétera.

17:00h “La crisis energética y los límites del capitalismo industrial”. Presentación de la revista: “Un amargo declinar: energía y totalitarismo ecológico” a cargo de sus editores.
(Editorial Invierno).

Durante los tres días cada editorial, librería o distribuidora participante tendrá un puesto con libros, fanzines y libelos.
Habrá comida y cena vegana (100% vegetariana) y cafeta a precios populares para tod@s l@s asistent@s.
contacto: libroanarquistazgz@noblezabaturra.org
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Sabeis que un muerto no puede morir.

Con motivo de las jornadas y movilizaciones que diferentes colectivos sociales estan llevando a cabo contra el paro y la precariedad, hemos recibido un pequeño texto sobre el tema que hemos creído oportuno reproducir.

SABÉIS QUE UN MUERTO NO PUEDE MORIR

A estas alturas, sin hacer muchos esfuerzos imaginativos, a nadie se le escapa que la situación del desempleo y sus consecuencias, se parece sin una pizca de ironía, a esas películas de muertos vivientes que tanto nos gustan, moviéndose torpemente por calles desiertas, hambrientos de desperdicios, dispuestos a abalanzarse sobre cualquier bicho viviente para alimentarse. La búsqueda de un salario se ha convertido en algo parecido. Millones de desposeídos por la dictadura de la economía, vagan de un lado a otro con una carpeta de currículums debajo del brazo, buscando alguien que quiera contratarlos, a la caza de una nómina con la que sobrevivir y salir de la indigencia en la que casi todo el mundo que nos rodea empieza a tener contacto de una forma u otra.

Primero empezaron flexibilizando las condiciones de contratación. Contratos por semanas, días, horas. Pero como el trabajo era abundante y la gente ansiaba trabajar a toda costa para estar a la altura de las exigencias del modelo de consumo impuesto, casi nadie estaba por la labor de denunciar y pelear contra la liquidación de un tipo de empleo estable y seguro, que era el que disfrutaron nuestros padres a cambio de pagar sus conquistas con sangre y sufrimiento. Tener dos pagas extras o disfrutar de unas vacaciones reales sin perder la parte proporcional de lo prorrateado en la nómina, es un sueño del que much@s jamás nos hemos levantado mojad@s. Al mismo tiempo, comenzaron a privatizar la mayor parte de las empresas estatales, pensando que siempre sería mas oportuno para las leyes del mercado, que el capital privado gestionase un pastel con tan pingües beneficios, que no redistribuir estos beneficios entre en el cuerpo social mucho menos rentable claro está. La connivencia entre el Estado y el Capital, lejos de ser puntual, estaba conformándose como la esencia misma sobre la que se fue montando el tinglado que ahora padecemos. Años de despilfarro y brindis con licores lujosos pagados a costa de nuestro sudor, se sucedieron bajo el auspicio de todos los gobiernos, de cualquier signo, de cualquier color. Y llegarían los años de la Mayoría Absoluta, de los recortes, de la austeridad, de la Reforma Laboral, de la crisis de la deuda y la prima de riesgo, pero también de los desahucios, de los diferentes repagos sanitarios, de las nuevas estrategias represivas, de la liquidación de la escuela pública, de los escándalos de corrupción generalizados, y así hasta llenar un cementerio de desgracias.
A nuestro modo de ver, la nueva estrategia del Estado/Capital, lo decimos sin sonrojarnos, se fundamenta en un extermino calculado. Puede que suene crudo, pero no es nada alentador que toda la lista de sacrificios impuestos a la población con sus reformas laborales, sus reformas sanitarias, sus reformas educativas y la continua liquidación de la posibilidad de acceder a los más elementales medios de vida, suponen poner en el punto de mira a una gran porción de la sociedad, de hacer bailar en la cuerda floja de la incertidumbre por el despido o el desahucio a mucha gente que hasta hace unos pocos días, este mundo de los muertos vivientes que hoy nos impone este desastre, era ( y para muchos sigue siendo) el mejor de los mundos posibles.

Ya no pueden matarnos, porque muertos estamos. Totalmente impotentes ante una situación en la que todo parecen callejones sin salida, ya poco más pueden hacernos. Por eso estar en paro no puede ser sinónimo de estar parad@, anulad@, o paralizad@ por la anestesia generalizada que tanto se ha fomentado. Un/a parad@ no es un/a tetrapléjic@ social, de momento puede intentar tomar las riendas de su vida y al menos, señalar a los culpables de tanta miseria generalizada, de comenzar a plantar cara con esfuerzo y dignidad a esa legión infame de explotadores sin escrúpulos. Auto-organizarse no sólo es posible, sino deseable en un mundo cuyo corazón deja de latir, pelear aquí y ahora, sin esperar que el día de mañana, salga ese político honesto tan deseado que nos enseñe el camino de un nuevo desastre. Porque que quede claro, la crisis es sólo un invento mas de la dictadura de la economía y sus necesidades de mano de obra barata y dócil, una mentira repetida millones de veces que termina por ser una verdad de Perogrullo y de la que nadie duda. Pero sólo hay que mirar a nuestro alrededor, echar un vistazo al periódico de turno para ver que nosotr@s, l@s desposeíd@s, estamos en permanente crisis, y que un@s poc@s siguen repartiéndose el pastel y diseñando un mundo injusto a su medida. Por eso, nos creeremos la crisis cuando l@s ric@s se conviertan en zombies en masa, cuando se les vea vagar sin rumbo desconcertados, buscando un contenedor de basura para alimentarse, o peor aún, esperando su turno en esa marcha fúnebre a la que llaman la cola del paro.

SABÉIS QUE UN MUERTO NO PUEDE MORIR
¿Y AHORA QUÉ NOS VAIS A HACER?
Febrero 2013-Parad@s sin nada que perder.

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MEDITACIÓN SOBRE UNA RUINA ANUNCIADA. La Ciudad del Medio Ambiente de Soria. Miguel Amorós

MEDITACIÓN SOBRE UNA RUINA ANUNCIADA
La Ciudad del Medio Ambiente de Soria

La contemplación de una de las miles de urbanizaciones abandonadas a medio construir, testimonio de un pasado reciente en el que la especulación inmobiliaria era el principal motor de la economía y de la política, induce, cómo no, a pensar en la futilidad y el absurdo de una existencia abocada a una persistente búsqueda de beneficios pecuniarios. En su momento, los dirigentes aludieron al Progreso, palabra clave que parecía justificar todo atentado paisajístico, ambiental o social envuelto en una imagen de confort campestre y lucro privado; esa “herejía de la decrepitud”, según Baudelaire, inventada por el “hombre civilizado” “para consolarse de su abdicación y declive”, una negación obsesiva de su ser que se parecía a “un modo de suicidio incesantemente renovado.” Esas ruinas son bastante peculiares en el género, puesto que no evocan la experiencia del tiempo, ya que no tienen pasado: no han tenido tiempo de envejecer. Se han vuelto historia sin haberla tenido jamás. No han llegado a existir como edificios albergando vida, por más que ésta estuviera desprovista de toda magia y fuera análoga a la muerte. Son lugares vacíos que nunca se llenaron. Estos desolados desiertos de cemento nacieron muertos, por eso no traen recuerdos. Por no ser, no son ni verdaderas ruinas pues no pueden contarnos lo que han sido. No transmiten emociones, sino sentimientos de vacuidad. La venganza de la Naturaleza al invadir los templos abortados de la locura inmobiliaria no basta para dotarles de un significado especial y conferirles una pátina de misterio; esa clase de ruinas no tienen sentido ni esconden secretos; el polvo y los hierbajos no los preparan para la lírica. Las cicatrices en el territorio no se curan sino con la desaparición del mal civilizatorio que las causó. Se trata de verdaderas mutilaciones que para rebrotar requieren la extinción de la sociedad capitalista; la poesía mora en la destrucción de lo infame.
Los proyectos residenciales fallidos nunca tuvieron humos porque nunca fueron proyectos políticos. Iban destinados a satisfacer los afanes prosaicos de una mentalidad de clase media, hoy en día tan extendida. Debía proporcionar un pedazo de espacio íntimo a unos seres mezquinos absolutamente dependientes del automóvil y la parafernalia electrónica. La arquitectura de bloques periféricos y adosados es producto de una demanda ramplona, sin gusto, americanizada, incapaz de concebir un bienestar diferente del que proporciona la abundancia de artefactos modernos, ni de imaginar unos valores distintos de los ponderados por la dominación, por lo que su calidad está a la altura de su concepto. Es una arquitectura de masas solitarias y manipuladas, que refleja una pobreza de espíritu y una vulgaridad de deseo elevadas. No ordena espacios, más bien los trivializa. No establece relaciones o vínculos sólidos entre sus habitantes, ni define señas de identidad. Generaliza el aislamiento en comunidad y a la vez que uniformiza, desarraiga. No tiene pretensiones: sólo promete seguridad, aparcamiento y anonimato. No hace política, por lo cual no necesita grandilocuencia ni sensacionalismo. Otra cosa ocurre con megaproyectos del estilo de la Ciudad del Medio Ambiente, mitad pelotazos urbanísticos, mitad trofeos de la clase política.
Los dirigentes siempre han querido construir aunque fuera en terreno inundable, dejando constancia de su paso: la historia de la dominación es la historia de la arquitectura. Consciente de que los edificios monumentales son una señal de poder, la clase política contemporánea es un gran mecenas de los arquitectos. Quiere registrar su presencia e impresionar al público adicto dando, con una geometría torturada y unos materiales nuevos, una imagen de modernidad, en este caso concreto con aderezos de ecologismo. Pero nos equivocaríamos si nos atuviéramos al cálculo político como motivo único de la voluntad constructora dirigente: hay que dejar sitio a la psicopatología. En efecto, la frontera entre el impulso tecnopolítico y la megalomanía o el narcisismo es borrosa, y a menudo los dirigentes transitan de un lado a otro como si nada. Así se obsesionan por el tamaño antes que por la utilidad, por la apariencia antes que por el sujeto. no reparando gastos ni ahorrando destrozos en la fauna o en la flora. La forma no tiene que ver con la función, sino con el espectáculo. La función es lo de menos. La arquitectura del poder tampoco tiene contenido, no es la expresión sensible de “la idea” en el espacio, y por lo tanto, no “da realidad a lo en si mismo verdadero” (Hegel). Es algo puramente formalista, sin objeto, sin relación directa con el mundo, independiente de él. La autoridad emplea la monumentalidad para demostrar que controla los acontecimientos y que el éxito ha de coronar todas sus empresas. La arquitectura ha de crear solamente esa ilusión, ese espejismo, cueste lo que cueste. En fin, es lo que tiene de fascismo la partitocracia, que sus jefes actúan como antaño lo hacían los dictadores, unilateralmente, sin atender a razones, con la fuerza por delante, pero queriendo dar la impresión de que respetan los usos democráticos y la moda verde, desarrollando la economía, creando puestos de trabajo y proporcionando como mínimo “un referente mundial en el ámbito del medio ambiente y la sostenibilidad.” Sin embargo el discurso ideológico no puede resultar visiblemente más postizo; la clase política no pretende transmitir valores ciudadanos con sus experimentos arquitectónicos, sino simplemente exhibirse. No persigue nuevas señas de identidad locales, pues con tanta retórica arquitectónica y tanto singularidad estridente todas las capitales se parecen, sino al contrario, busca en los iconos su propia imagen identitaria. Una imagen plasmada en edificios sin aura pero con diseño de marca, auténtico o de imitación, mucho más difícil de olvidar que el despilfarro de fondos públicos con los que se financiaron. Una imagen que las revistas turísticas recogerán y las agencias de viajes incluirán en sus circuitos.
Los edificios duran una eternidad, pero también pueden ser una ruina políticamente hablando, ya que a veces resultan tan fallidos como la urbanización de Garray, cuyo promotor se largó con el dinero de los compradores antes de acabarla. Estamos lejos de una arquitectura imperial, pero nos hallamos sin duda ante una glorificación del régimen partitocrático que por suerte presenta signos de desgaste. La proliferación de iconos arquitectónicos produce una devaluación que en lugar de apuntalar el sistema lo sitúa en el camino de la descomposición. Si además son vistos como caprichos de egotistas incompetentes, ambiciosos e inseguros, más que como muestras del arte de gobernar con ecuanimidad y austeridad, el proceso se acelera. Y es que la arbitrariedad, la prepotencia y el derroche dan un toque siniestro muy impopular. Orwell observó con perspicacia que la arquitectura se llevaba bien con la tiranía, puesto que los tiranos ofrecían mucho más trabajo a los arquitectos que los pueblos libres. Hoy día abundan menos los tiranos en estado puro, pero los consistorios-empresa y los poderes autonómicos han heredado sus ínfulas, su falta de escrúpulos y por encima de todo su incultura: la clase política de la partitocracia es la primera clase dirigente completamente ignorante. Se sabe que un alarde constructivo fascina doblemente a los poderosos si éstos son analfabetos funcionales, pero en mayor medida repele a las masas contribuyentes desencantadas, que ya no se dejan apabullar y están lo suficientemente despiertas para que no les den la liebre de lo cívico por el gato de lo trivial ostentoso y caro. El rechazo popular de un monumento puede convertirse en rechazo de la clase que lo mandó construir. Los dioses del Mercado y de la Política podrían abandonar despavoridos las moradas terrenales que los arquitectos han construido expresamente para ellos y eso sería el principio del fin. A este propósito, hacemos nuestra la reflexión de Marc Augé: “Sólo una catástrofe hoy es susceptible de producir unos efectos comparables a la lenta acción del tiempo.” Un repaso por la historia nos mostraría ejemplos de clases poderosas que se han venido abajo después de acabar de amueblar con multitud de “referentes” y símbolos sus capitales. Sus habitantes supieron escapar a tiempo de las construcciones concebidas para dominarlos, que se convirtieron en un ruinoso paisaje bastardo condenado a perderse en la memoria.

Miguel Amorós
7 de febrero de 2013