Revista Argelaga #3

Los compañerxs de Argelaga acaban de colgar en su blog el contenido del tercer número de su revista. En breve podremos tener copias en la biblio.
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Editorial
1. El crecimiento económico descansa en la mundialización de las finanzas y en la mercantilización del espacio público o común, incluida la de sus usos antaño libres. El territorio, como soporte de grandes infraestructuras (y también como segunda residencia, espacio lúdico, paisaje, reserva, vertedero, plataforma logística, fuente de producción de energía…) se convierte en pieza clave de la mercantilización total.
La cuestión social por excelencia no se plantea desde el terreno laboral, pues el trabajo es secundario en la valorización (en la conversión de un bien en mercancía), sino desde el territorio, porque la construcción de un espacio apropiado es fundamental en la constitución del mercado global. Pero eso también es su punto débil. La defensa del territorio cuestiona directamente la naturaleza de la globalización y obstruye su funcionamiento. Es pues el factor principal de la moderna lucha de clases. El conflicto territorial configura una nueva clase, una clase proletaria que se forma en la medida en que se excluye, en la medida en que disuelve esa valorización. En la medida en que no consume, no vota, no trabaja por un salario; en la medida en que se autoabastece, cuida su salud y se autoeduca. En la medida en que se ruraliza, o aún mejor, que establece relaciones directas con el campo, que crea una colectividad en el campo o conectada con él.
Desde el propio campo, o desde lo que queda de él, la defensa del territorio no constituye “un mundo”, un lugar de la conciencia, habitado por un sujeto histórico. El habitante del campo ha perdido la memoria, y, por lo tanto, se halla fuera de la historia. No existe como comunidad territorial real dentro de un espacio abstracto oficial, en conflicto con él. La hubo, pero ya no la hay. Lo rural es hoy subsidiario de lo urbano. Está de alguna forma urbanizado. Ha de recrearse para existir realmente y eso no puede hacerse sin oponerse a la urbanización, sin desurbanizar. Paradójicamente, eso no significa destruir lo urbano, ya destruido, sino volver a lo realmente urbano, al ágora. La lucha antiurbanizadora es tanto una lucha por el campo, como por la ciudad.
La primera contradicción del combate en defensa del territorio surge por el hecho de la concentración de la población en las conurbaciones o sistemas urbanos, donde los conflictos sociales suelen mostrarse como laborales, dentro de la economía, sin cuestionarla. La fuerza de trabajo ha de competir con la maquinaria, el ahorro y la eficiencia, por lo que la tasa de explotación puede aumentar sin que lo haga necesariamente la plusvalía. Esto es así porque el “valor añadido” a la mercancía no proviene de los bajos salarios, de la sobreexplotación, sino de la tecnología y la hipermovilidad. Los propietarios de la fuerza de trabajo, los obreros, no son prácticamente necesarios como productores, pero lo son, y mucho, como consumidores. Por un lado tienden a ser expulsados del mercado de trabajo, luego a desclasarse; por el otro tienden a ser integrados en el consumo, luego a atomizase y masificarse. Por eso, ya no combaten contra la explotación, sino contra la exclusión. Tampoco rechazan el estilo de vida consumista; simplemente no tienen otra opción que esforzarse en mantenerlo.
El conflicto laboral no trasciende inmediatamente el orden porque no cuestiona la dominación, ni la forma de vida bajo la dominación. Es un conflicto urbano, que obedece al modo de vida urbano enteramente sometido a los imperativos de la economía global. En el proceso de descomposición de la sociedad de masas, que es una sociedad urbana, se producen multitud de conflictos laborales y otros de índole similar (sobre pensiones, prestaciones sociales, hipotecas, pequeñas inversiones…) intranscendentes por sí mismos, contingentes, anecdóticos. Al reivindicar algo perfectamente plausible en el marco del sistema, se pide que el sistema funcione mejor, que la carga esté mejor repartida. El conflicto laboral no tiene solución extra laboral. Ninguna organización, y mucho menos una comunidad de lucha, nace de él. Es repetitivo, no acumulativo. No cuestiona el sistema capitalista, ni objetiva ni subjetivamente, sino que reivindica un sitio más holgado dentro de él, con mejores salarios, contratos seguros, horarios más reducidos y condiciones más gratas. Todo muy legítimo, pero si no se actúa contra el sistema no se forma una clase; la clase nace en lucha contra él. Y, al revés, no hay verdadera lucha de clases sin una clase luchadora, pero no puede existir tal clase sin conciencia de sí misma. El conflicto laboral no aporta esa conciencia. En general, sin un rechazo previo de las condiciones de vida impuestas, sin una voluntad de segregación, sin una separación entre “mundos”, no hay cuestionamiento posible, ni conciencia que valga. Dadas las actuales condiciones industriales y financieras, hoy la clase explotada o es antidesarrollista o no es clase. Los conceptos de mercancía, miseria, riqueza, explotación, exclusión, clase, etc., han de redefinirse desde la óptica del antidesarrollismo.
La verdadera crítica del régimen industrial y financiero apareció en la conurbación como crítica de la vida cotidiana (que es crítica del patriarcado y crítica ecológica), desligada tanto de una base territorial como de una base laboral. Esa separación de la praxis es un problema mayor que sólo puede superarse mediante la unificación de la crítica teórica, globalmente antidesarrollista, con los conflictos urbanos y territoriales. El factor consciente lo proporciona la propia irresolubilidad del conflicto en el marco del sistema. Solamente en ese sentido, las derrotas pueden ser victorias.
Las organizaciones, formales o informales, defensivas o constructivas, han de fijarse objetivos a corto plazo que superen los límites del sistema, de acuerdo con unos principios estratégicos adecuados. Para eso la lucha real obliga a prescindir de los órganos de integración como partidos, asociaciones legalistas y sindicatos. También ha de desconfiar de los movimientos sociales que no los cuestionen y prevenirse contra sus partidarios. Ha de adoptar estructuras horizontales, asamblearias, antiestatistas, impidiendo determinados mecanismos de obstrucción y de delegación. En el instante en que lo haga, podrá transformarse en una lucha por la comunidad urbana anticapitalista.
La violencia de dicha lucha no determina su radicalidad; es cien veces preferible la astucia. Si no se atiene a la autodefensa, la violencia no es más que una afirmación de impotencia: impotencia por organizarse autónomamente, impotencia por dotarse de medios eficaces, impotencia por separarse de condicionamientos políticos y sindicales, por no saber por dónde tirar, adónde ir. Es un acto de pura negación, desprovisto de pasión creadora. Se rechaza un sistema, pero no se afirma otro. No se construye sobre pura negatividad. Lo peor es que derive en estética individualista y trate de justificarse así, caminando en círculo y volviendo al principio. La cólera de la insatisfacción no puede transitar por caminos distintos de los de la conciencia, que son los de la praxis diaria. La respuesta no puede ir separada del objetivo y éste no puede limitarse a la destrucción.
La lucha social urbana ha de tratar de asimilar la problemática territorial y ver que el campo y la metrópolis son escenarios de un mismo combate. Esa confluencia implica la asimilación de ciertos elementos críticos nuevos asociados a la formulación de otro tipo de derechos (a la alimentación sana, al agua, al territorio, al aprendizaje libre, a la atención y cuidado solidarios, a la asamblea, a la defensa…). Se trataría menos de un nuevo código de leyes que de una suma de costumbres libres a reinstituir. Los elementos arriba aludidos más evidentes son la crítica del consumismo y la crítica de la política. El principal es la crítica del trabajo asalariado. Reuniendo todas las críticas en una, la cuestión de la desposesión moderna quedará replanteada. El antidesarrollismo deriva de ella.
El nuevo sujeto ha de encontrar su espacio, hacerse su espacio (su mundo), tanto en el territorio como en la conurbación. Ha de desertar de la conurbación y, o bien reocupar el territorio, o bien transformarla en territorio. A lo largo de esa deserción y de ese cambio, que nunca se producirán sin lucha (por el territorio, por la ciudad), se constituirá como clase. Pero no se formará en el lugar de trabajo, que es un no lugar, sino en la perspectiva de su abandono. No se construye en el acomodo, sino en la ruina…

Argelaga

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Novedades en la Hemeroteca.

Etcétera. Correspondencia de la guerra social. Números del 0 al 20.


Reunimos en dos volúmenes los 40 números de la revista social Etcétera. Correspondencia de la guerra social, aparecidos hasta ahora. Agotados muchos números, nos ha parecido oportuno recopilarlos para así poder disponer de ellos en papel y ofrecerlos en la red.

Etcétera, publicación en activo, fue iniciada en los años 80 por varios compañeros procedentes de las luchas autónomas de finales del franquismo, con la finalidad de establecer una correspondencia internacional sobre los avatares de la lucha de clases y las resistencias a la dominación y participar en las discusiones que ello genera.

En este primer recopilatorio ofrecemos los folletos publicados entre septiembre de 1983 y diciembre de 1992.
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Del veneno y el mundo que lo produce. Calvario y muerte del río Tajo.

Durante la celebración de la primera conferencia de contrahistoria local organizada por La Tormenta y la FAL-Aranjuez, se ha repartido un texto relativo a la situación del malestar hidrológico y el desastre actual del río Tajo. Lo reproducimos íntegramente para alentar su difusión:

Del veneno y el mundo que lo produce. Calvario y Muerte del Río Tajo.

Corremos sin preocuparnos hacia el precipicio, después de haber puesto delante de nosotros algo para no verlo.
PASCAL, Pensamientos, IX,5

Algo realmente grave está pasando con el río Tajo. Estamos tan segur@s de ello que a día de hoy, ya nadie duda de que ese serpenteante cauce de agua que regala un paisaje especial a nuestro pueblo, se esté convirtiendo en un cadáver embalsamado con aspecto de algo con vida. Ciertamente algo muy grave debe de ocurrir con el río cuando un amplio elenco de partidos y organizaciones locales, desde el cronista de la Villa hasta las amas de casa pasando por los salesianos, se han lanzado a firmar un manifiesto en el que se pide nada más y nada menos que la derogación de la política hidráulica estatal por biocida y poco considerada con nuestro entorno. La vieja cantinela de la oficialidad política que niega las evidencias incluso cuando se trata de hechos consumados, ya no es moneda de cambio cuando hablamos del agua en Aranjuez. El río se muere y con él una parte esencial de la idiosincrasia ribereña ancestral. La prensa local así lo certifica. En su editorial del 20 de septiembre, en el periódico MAS, resaltado con tipografías de mayor tamaño, se llega a afirmar que todos los males que hoy arrastra el río a su paso por Aranjuez son consecuencia del Trasvase al Segura.

Sería totalmente inútil, y francamente absurdo, exigir a la publicación mencionada, incluida su línea editorial, una crítica radical, esto es que se detenga en la raíz del problema, sobre la cuestión del malestar hidrológico. Sin embargo, por nuestra parte queremos hacer una puntualización sobre la que nadie, de momento y que sepamos, ha hecho mención alguna. Achacar todos los males que arrastra el río al trasvase y hacer de éste la causa última del desastre en ciernes, es una ficción de la que han participado la mayor parte de los interesados en el tema. Se parte de un profundo error de base, en el que comúnmente se tiende a confundir las causas con los efectos, cayendo en el olvido de que la necesidad de un trasvase como el del Tajo-Segura obedece a una lógica subyacente, es decir, a los modos de expoliación asociados a la multiplicación del desarrollo de grandes infraestructuras y proyectos urbanizadores, última fase histórica de la especulación del capital sobre el territorio y sus gentes. Cuestionar el trasvase ha de ponernos en la senda por tanto de la crítica y el cuestionamiento del mundo que lo produce y administra, de la especulación y la acumulación de capital del que es fruto. Por tanto, sabemos que los editores de MAS, aun cuando no quisieran parecer ingenuos en sus alegatos, tan sólo reafirman el modelo de desposesión generalizado que el Capital y el Estado han impuesto en todos los ámbitos de la existencia (también en eso que llaman la opinión pública). Cuando en la Declaración de Aranjuez por el Rió Tajo se dice que la responsabilidad del estado del Río es de los gobernantes que lo permitieron y lo permiten y de quienes somos ribereños de él, se nos está concediendo una responsabilidad a partes iguales que no nos pertenece. Pretender que asumamos tan pesada carga cuando desde hace siglos se nos ha negado la posibilidad, en tanto que comunidad ribereña, de cualquier forma de decisión, no sólo ya sobre los asuntos del agua, sino sobre cualquier aspecto de nuestras vidas, siempre desposeídos de autonomía, es un recurso demasiado fácil de envolver, pero fácil de arrojar a la basura. La responsabilidad es del Capital, de la lógica mercantilista que convierte cualquier recurso en valores de cambio listos para rentarlos a cualquier precio. Y por supuesto la responsabilidad es del Estado, que como instrumento de clase siempre ha sabido servir fielmente a la dominación y sus intereses, extendiendo su manto de muerte sobre territorios y personas.

Disfrazad@s de bienintencionados administradores de lo público, l@s polític@s de turno han puesto a funcionar la maquinaria de la propaganda para enviar el mensaje a las gentes ribereñas de calma y tranquilidad. “Fíjense cuanto nos preocupamos por el entorno, que hemos puesto en marcha un programa de rehabilitación de los sotos y huertas históricas (Proyecto Life); tanto nos importa el patrimonio que rehacemos una azuda para mover el agua de forma tradicional, y que bonita queda…” Mientras, el suelo de Aranjuez y su superficie de cultivo están en trance de llegar a un punto de no retorno por el agotamiento y el abandono. La famosa azuda, monumento estrella del fetichismo por todo lo que suene a viejo, levanta agua que no riega nada, símbolo del eficiente uso tradicional del agua. Y además, igual que las serpientes que aguardan su presa sigilosas entre la maleza de nuestras envejecidas caceras, est@s ilustres y bienintencionad@s polític@s se reservan el pelotazo especulativo de Sotomayor y Las Cabezadas para que no nos olvidemos de la verdadera prosperidad pasada, esperando morder la presa tarde o temprano. Un despropósito detrás de otro que lamentablemente vamos a pagar no sólo nosotr@s, sino todas y cada una de la generaciones que lleguen después de nuestr@s hij@s y jamás sepan que fue antiguamente esa ponzoñosa charca que pasa cerca de sus casas.

La defensa del río Tajo, de los recursos que nos proporciona, así como frenar el desastre que ya parece tener hora y fecha anunciada, no sólo es cuestión de enumerar los males que le aquejan, sino apuntar directamente a los causantes reales de tanta degradación. Defender el río por tanto, es mostrar una oposición firme contra la lógica de la desposesión que impone en Capital/ Estado en nuestras vidas. Porque la defensa del río será contra el Capital y el Estado o no será. Dudarlo es repicar poco a poco las campanas que anuncian un nuevo cadáver.

Aranjuez Otoño de 2013.
Instituto Ribereño de las Nocividades.

La Agitación Rural frente a sus Límites. Recopilación de textos Marc Badal

Nota a la presente edición.
No queremos con esta breve nota introductoria hacer una presentación formal del autor en cuestión. Si tal y como reconoce Marc Badal, la importancia de estos textos no reside en la autoría de los mismos, sino en el calado que puedan tener en el debate sobre la emancipación social, centrada esencialmente en el ámbito rural, poco más hemos de anotar sobre su persona. No hay ninguna novedad editorial en los escritos que recopilamos. Todos y cada uno han ido apareciendo en diversas publicaciones de corte anticapitalista y antiautoritario:
– “Viejas herramientas para nuevas agriculturas”. Aparecido inicialmente en el nº 6 de la revista Resquicios, y posteriormente en el nº 2 de la revista Raíces.
– “Fe de erratas”. Publicado en un primer momento como fanzine, y recogido después en el nº 4 de la revista Raíces .
– “Octubre quebrado” fue publicado en el número 40 de la revista Ekintza Zuzena.
¿ Entonces, por qué volver a rescatar estos textos, que posiblemente ya hayan sido leídos y trabajados por bastantes personas en sus publicaciones originales? La Biblioteca Social La Tormenta, dentro de un contexto de formación para la crítica, en el avance de una oposición y enfrentamiento contra las condiciones generalizadas de desposesión a las que nos somete la existencia del Capital y el Estado, ha creído oportuno, poniendo su mirada especialmente en el ámbito local, reproducir en un único volumen estos escritos, que sin duda ahondan en las diversas problemáticas de la vida contestataria en el campo, los aciertos y errores de la agitación rural dentro de unos límites sociales y culturales realmente complicados de salvar la mayoría de las veces. Extender el debate entre compañerxs que han puesto sus quehaceres e inquietudes cotidianas de lucha y/o supervivencia en el campo, rompiendo el marco devaluado y estéril de los posicionamientos del ecologismo institucional y ciudadano, es esencialmente el horizonte que guía la presente edición.
Por tanto, aconsejamos y alentamos la reproducción de cuantos contenidos se recogen en este volumen por los medios que se estimen oportunos, por supuesto sin fines comerciales y mencionando en la medida de lo posible la fuente.
Si estais interesadxs en haceros con una copia del libreto sólo teneis que escribir al correo de la biblio y os damos los detalles: bslatormenta@yahoo.es
Biblioteca Social La Tormenta. Otoño de 2013.
badal