Los Amigos de Durruti

Con motivo de la celebración del nacimiento y fundación de la CNT, y dentro de la realización de diversos actos conmemorativos del hecho histórico en cuestión, el Ateneo de Izquierdas de Aranjuez, quiso dar cabida dentro de su programación a un evento relacionado con el centenario de la anarosindical. Para ello, opotaron por invitar al profesor e historiador del movimiento libertario Juan Pablo Calero Delso, para la consiguiente presentación de su último trabajo publicado, “El Gobierno de la Anarquía” http://www.sintesis.com/nuestro-ayer-90/el-gobierno-de-la-anarquia-libro-1574.html

Aún cuando no es la intención de esta entrada analizar, pormenorizar o criticar la intervención del autor, así como las tesis defendidas en su libro, durante su exposición, uno de los oyentes quiso apostillar algunas cuestiones, como por ejemplo, que era evidente que no todo el bloque libertario había optado por la burocratización de la estrategia, y que los sucesos de mayo del 37 eran lo suficientemente sintomáticos como para ser tenidos en cuenta por cualquier historiador, especialmente los/as adscritos/as a las ideas anarquistas, a la hora de abordar los sucesos que el propio autor describe en su trabajo. Mencionados Balius y la agrupación “Los Amigos de Durruti”, su carácter crítico y revolucionario, y su protagonismo en el proceso de guerra social-civil en ciernes, el profesor quiso limitarse a restarle importancia histórica a sus acciones y manifiestos, esgrimiendo el carácter residual, minoritario, y ex-catalanista (¿?) del propia Balius y sus compañeros. Es por ello, que queremos traer a colación, con la clara intención de contrastar las tesis de Calero, la obra de Miguel Amorós, “La revolución traicionada. La verdadera historia de Balius y los Amigos de Durruti”, editada por Virus editorial (http://www.viruseditorial.net/pdf/Revoluci%F3n%20traicionada_Revoluci%F3n%20traicionada.qxd.pdf).

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Entendemos que es un trabajo lo suficientemente documentado y bien elaborado como para que sirva de obra de referencia a la hora de entender los sucesos acaecidos en Barcelona durante las jornadas de Mayo de 1937, y el papel no solo de la contrarrevolución estalinista, sino del aparato burocrático anarcosindicalista y su manera de jugar a ser gobernantes. Sin embargo, y una vez hechas las menciones de rigor, no es nuestra intención el reseñar y analizar de forma exhaustiva el texto de Amorós, sino poner de relieve los peligros de la impostura historiográfica, incluida las filas de la militancia libertaria, para lo que hemos creido conveniente y justificativo reproducir el prólogo de Miguel Amorós que introduce la obra señalada, y que a todas luces viene incidir en este aspecto precisamente, reivindicando la objeticvidad por simpatía mediante la elección y el posicionamiento en la lucha de clases:

Escribir la biografía del insigne revolucionario que fue Balius para mí ha sido
cumplir una tarea pendiente de años. A finales de la dictadura franquista mis
pasos en el anarquismo me habían conducido a la cárcel y al exilio. La constante
agitación social y la enfermedad de Franco sumían a la emigración política
en cábalas ante el advenimiento de una época de cambios. En sus cálculos
especulativos la realidad española contaba poco al lado de otros componentes
de más peso, como por ejemplo las convicciones resultantes de esquemas
ideológicos inamovibles y caducos o los deseos nacidos de esperanzas continuamente
frustradas, todo ello disimulado con desarrollos tácticos nebulosos
que dejaban traslucir o bien una desorientación hasta cierto punto ingenua o
bien un declarado oportunismo. Lo peor eran las previsibles componendas
entre el aparato franquista y una semioposición montada sobre la marcha por
el partido estalinista y los socialistas residuales con elementos descolgados
del régimen para dejar las cosas tal como estaban, al tiempo que los recién
venidos buscaban acomodo en la escena política del posfranquismo.
Para quienes teníamos en cuenta las posibilidades revolucionarias que
encerraban las dificultades de tal pacto por la «ruptura» política —yo diría
mejor por la digestión tranquila— del franquismo, dificultades incrementadas
por la intervención inesperada de las masas proletarias desbordando el
horizonte reducido de una oposición comprada, la fecha del 3 de Mayo de
1937 era un símbolo. Con toda seguridad, el movimiento obrero, impulsado
por recientes huelgas, imposible de encuadrar en los sindicatos verticales
o en los embriones del futuro sindicalismo y enardecido por el debilitamiento
de la represión, iba a avanzar durante un tiempo y a crear una
situación favorable para la formulación de un proyecto revolucionario. Un
bando se constituiría con el propósito de derrocar al Estado franquista y
hacer la revolución, y otro opuesto levantarían las fuerzas de oposición
democrática, decididas a formar con dicho Estado una gran coalición de
orden para vencer a la revolución. La victoria pertenecería al contrincante
que hubiera sabido ganar por la mano a su enemigo. El paralelismo entre
aquel hipotético desenlace y Mayo del 37, la ocasión perdida del primer
asalto proletario a la sociedad de clases, era manifiesto.
El interés que despertaban las alternativas de Mayo del 37 en tanto que
guía del presente era evidente, por lo que el conocimiento de aquellas jornadas
y de la historia de sus protagonistas indiscutibles, Los Amigos de
Durruti, era fundamental como base histórica de un nuevo proyecto revolu-
cionario en España. Entonces oí hablar por primera vez de Balius, secretario
de aquella agrupación. En París, rue Vignoles, sede de la CNT, me facilitaron
su dirección, y le escribí ofreciéndome para la publicación de sus recuerdos
de Mayo del 37 o de una antología de textos comentados. Balius estaba de
acuerdo, pero ni él ni yo disponíamos de documentos ni de medio material
alguno con que ponernos manos a la obra. Además, él estaba en Hyères y yo
en París, y las condiciones precarias de ambos nos impedían vernos con la
asiduidad que el calibre de la labor requería. Finalmente yo regresé a España
y otros tareas más urgentes acapararon mi atención, aunque tuve la satisfacción
de ver que Etcétera y el Centro de Documentación Social editaban
buena parte de la producción de Los Amigos de Durruti.
Pasó el tiempo y pasó la época. Ha quedado atrás «el siglo de la Revolución
Traicionada», que es como definió Camus la centuria que contuvo la
Revolución Española. El proletariado fue vencido y la fatalidad quiere que
en su crepúsculo como clase yo haya podido reunir tiempo y energías suficientes
para escribir esta historia, cuando menos útil resulta, tan cierto es
que la lucidez resplandece en el ocaso. Ahora el panorama intelectual es
pobre, la crítica historiográfica no existe, los rastros de la memoria se van
difuminando y toda una prole de historiadores profesionales trabaja para el
olvido. Como consecuencia, la generación actual vive sin pasado. Los métodos
de trabajo actuales pueden resultar impensables para quienes exigían
rigor y erudición: hoy parece que para historiar, por ejemplo, la vida de un
personaje, pongamos por caso, de José Martínez, haya que empezar ignorándolo
todo sobre él. El punto de partida es la ignorancia.
El papel que desempeña la revisión historiográfica moderna consiste en
proporcionar una visión de la historia tan en la perspectiva del pensamiento
dominante que el pasado resulte un ensayo más o menos imperfecto, más o
menos fallido, del presente. Algunas constantes ilustran este revisionismo: el
repudio de la acción directa y más aún de la violencia no estatal, la justificación
de las jerarquías y de sus unilaterales decisiones, la aceptación de la
política como profesión de elegidos y juego entre camarillas, la incitación al
consenso y a la «unidad» entre dirigentes, el protagonismo otorgado a triviales
personajes, la ocultación del papel de las masas (que cuando actúan por
su cuenta son «extremistas», «románticas», «manipuladas por grupos radicales
», etc.), el silencio en torno a los revolucionarios… Para el historiador revisionista
la lucha social siempre es un problema de personas; como mucho de
«vanguardias», nunca de clases. Las masas no existen, sólo los líderes que las
representan. Las masas sin jefes no son masas, sino grupos de «incontrolados
». Y, por lo tanto, en el 36 nunca hubo revolución ni revolucionarios; simplemente,
conspiración contra las autoridades legítimas. En ese sentido —y
en otros— coinciden bastante con los historiadores estalinistas. El idealismo
de las masas que no siguen a los dirigentes es objeto de un psicoanálisis que
lo disuelve en una suma de motivaciones particulares egoístas basadas en la
ambición, el resentimiento, la exaltación, el delirio, la miseria, etc., a las que
se opone con todo lujo de datos el prosaico interés cotidiano de la mayoría
por la supervivencia. Ante todo es una historia de vencedores que ha de alec-
cionar a los súbditos en el sistema de valores de la actual clase media urbana,
el segmento de la población que mejor refleja los ideales de la dominación.
Por eso es una historia indulgente, sin malos ni buenos, sólo con penosos
errores y «excesos» lamentables que-no-han-de-volver-a-repetirse. Es un
cuento con moraleja en el que el bien lucha contra el mal. El bien está encarnado
por personajes y partidos concretos cuyo comportamiento puede acoplarse
a la mentalidad dominante actual —por ejemplo: Azaña, Companys, la
Pasionaria, la burguesía liberal, los treintistas—; y el mal aparece caricaturizado
y demonizado hasta ser casi inaprehensible, animando esperpentos
extinguidos como el demagogo anticlerical, el falangista fanático, el cura
integrista, el señorito feudal… El bien es «la democracia», el mal es «el fascismo
», conceptos que se presentan vacíos de contenido, fantasmales.
Los hechos no bastan, hay que preservar su memoria: «tampoco los muertos
estarán a salvo del enemigo cuando éste venza. Y este enemigo no ha
cesado de vencer» (W. Benjamin). Primero se hace Historia, después hay que
combatir por ella. La Historia, pues, es algo muy importante como para dejarla
en manos de los historiadores. Afortunadamente no todo ha sido desolación
en ese campo después de Bolloten. Siempre sale alguien que sigue
derroteros opuestos a la historiografía del sistema, como prueba de que el
amor a la verdad no tiene remedio. Historiadores de otro tipo se vienen dedicando
a la restauración de la verdad de las luchas, el mejor servicio que se le
puede hacer a la causa de la libertad y la emancipación; mencionaré solamente
a los relacionados con nuestro tema: Agustín Guillamón, Paul Sharkey,
Hans Schafranek, Frank Mintz. No diré que para escribir la historia de una
revolución haga falta haber participado en unas cuantas (aunque no estaría
de más), pero creo que si no se hace historia sin pasión, al decir de Hegel,
tampoco se escribe historia sin pasión. La objetividad se consigue simpatizando
con el objeto, no huyendo de él. Concretando: para hablar de nuestra
guerra civil revolucionaria hay que implicarse en ella, escoger bando y no
contemplar su verdad desde la galaxia Andrómeda, tal como aconseja la historiografía
moderna más pretenciosa. De hecho, ella también ha escogido su
bando, el bando contrario, y su aducida neutralidad es sólo un artificio para
disimular dicha elección. Por consiguiente, quienes mejor escribirán la historia
de Los Amigos de Durruti serán los que han sido o todavía sean un poco
Amigos de Durruti. Esto no significa dar carta blanca a interpretaciones
hagiográficas y maniqueas, esta vez en sentido contrario al del revisionismo.
Ni tampoco sentar ortodoxias: las vías del presente pueden iluminarse con la
experiencia del pasado, pero el presente no es el pasado. Escribir historia
quiere decir acercarse apasionadamente a los hechos, al punto en que éstos
hablen por sí mismos y, consecuentemente, digan la verdad sobre sí mismos;
luego, que cada cual opine o juzgue. La manera de escribir más auténtica
empieza tratando de pensar como los protagonistas históricos, adoptando su
punto de vista, lo cual no es trabajo sencillo. Es tan arduo que sospecho que
a Balius le habrá sido más fácil hacer historia que a mí tratar de restituirla.
Miquel Amorós, octubre de 2001

Algunos materiales relacionados con esta entrada:

http://www.alasbarricadas.org/noticias/?q=node/18191

http://www.nodo50.org/despage/El%20Bloque/combate_por_la_historia.htm

http://www.sindominio.net/etcetera/PUBLICACIONES/con_otros/con_otros.html

Ambas publicaciones disponibles en la biblioteca o a través de la delagación de la FAL en Aranjuez:
http://www.cnt-aranjuez.org/catalogo-fal-aranjuez/libros.html

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